Hoy no tengo ganas de escribir sobre Suiza. De hecho, hoy no tenía ganas de venir a trabajar. Ayer tuvimos celebración familiar (mis padres cumplían 32 años de casados, lo que me recuerda que yo voy a cumplir 31), y fuimos todos a cenar a un restaurante italiano. La cena se alargó y al final nos acostamos pasadas las 1'30 de la madrugada (para mi como viene siendo habitual vaya).

Realmente me alegra ver a mis padres juntos, bien avenidos, queriéndose todavía. Hoy en día me parece todo un logro, aunque supongo que para ellos es más fácil, quizás porque se han encontrado con menos estímulos exteriores. Mi madre dejó de trabajar antes de casarse, lo que la ha llevado a llevar una vida hogareña, centrada en sus hijos y su marido. Y mi padre ha estado siempre tan perdidamente enamorado de mi madre que creo que es impensable que se hubiera fijado en otra mujer. Han crecido juntos, por el mismo camino. Ayer brindamos por ellos, por otros 32 años.

Mi hermano y yo, curiosamente, llevamos 6 años con nuestras respectivas parejas. Quizás no parezca demasiado, pero si hacemos caso de Eduard Punset acerca de que el amor dura 5 años, casi parece un logro. Creo que es cuestión de elegir bien, o de dejar que te elijan. Pero como sabe uno al principio si está eligiendo bien? sobre todo yo, que hasta me puedo equivocar de talla de zapatos. Y que me enamoro de la inteligencia. Y de los silencios que no son incómodos. Siempre me acuerdo de esa frase de Pulp Fiction sobre los silencios. Si encuentras a alguien con quien no son incómodos, sabes que puede ser especial.

Ayer, en la cena, entre charlas sobre Siria (mi cuñada es una fuente inagotable de anécdotas sobre los años que pasó allí, como por ejemplo, como les enseñaban en educación militar a montar un arma) y la nueva construcción del metro ligero, salió el tema de las adicciones. La voluntad de cada uno, la genética, la introspección. Creo que yo tengo un gen que me predispone claramente a la ganancia de peso (así que siempre tengo que hacer períodos de dieta) y un gen que me predispone a la hipocondria. Ok. Lo tolero. Pero me daría terror ser dueña de un gen que me predispusiése a la locura o una enfermedad mental. Y es que si hay algo a lo que tengo un pánico casi irracional es a sufrir de Alzheimer, o de esquizofrenia. Hay millones de enfermedades mentales curiosísimas como la negligencia hemisférica, que no es otra cosa que el deterioro de los centros visuales de un lado del cerebro que provoca que el enfermo sólo vea la mitad de las cosas. Estos pacientes sólo comen, por ejemplo, el lado izquierdo del plato, escriben en el lado izquierdo del folio o se atan sólo el zapato izquierdo. Menuda manera de ir por la vida! aunque al menos, parece inofensiva, eso sí, catastrófica si te dedicas a ser por ejemplo crítico gastronómico. O que me decis de la Ceguera al movimiento, en la que el paciente ve bien los objetos estáticos, pero no percibe el movimiento. Si echa el café en una taza, capta sin problemas la cafetera, el plato, la taza… pero el chorro aparece ante sus ojos como una columna helada e inmóvil. Se acabaron el cine, el conducir, y miles de cosas. Y luego están los transtornos específicos de algunos países o culturas, como el Koro, un tipo de trastorno mental que sólo se da en la China. El enfermo cree que su pene se va reduciendo progresivamente hasta invaginarse en el abdomen y causar la muerte. Aunque si hay uno que me impresiona, es el síndrome de Síndrome de Capgras, un trastorno de la capacidad de identificación. El paciente ve la cara de su cónyuge, por ejemplo, y está seguro de que se trata de un impostor. Parece que se debe a alguna desconexión entre el mecanismo físico del reconocimiento visual y la memoria afectiva. El sujeto ve un rostro conocido, pero no experimente las reacciones afectivas correspondientes a la visión de un ser querido, por lo que interpreta que es un impostor. Hoy he descubierto que tengo miedo a los dobles. Quizás sea consecuencia de haber re-visionado "Inseparables" la otra noche, o de que nunca me han gustado demasiado los hermanos gemelos. Me han mandado unas foto de una boda a la que estaba invitada y a la que no pude ir, y de pronto, en mitad de una de ellas, aparece una chica, con el mismo corte y color de pelo, largura, ojos rasgados, cara ovalada y boca fina. Me miro y soy yo como en un mal gesto, como captada cuando alguien me hace una foto sin darme cuenta. Incluso lleva un vestido y unos pendientes que yo podría haber elegido perfectamente. Y he sentido miedo, un miedo absurdo, irracional.