Ayer se estrenó la serie 6 grados de separación. 3 capítulos que de momento, no pintan nada mal. La serie no habla de nada nuevo: gente que se cruza, gente que se roza y no se ve, gente que mira a otra que no le ve, gente que pasa de puntillas por la vida de otras personas, lista para chocar de frente cuando menos se lo espera.
Nada nuevo, efectivamente. Nada que Raymond Chandler, o Robert Altman, o Auster, quizás sobre todo Auster, no hayan tratado antes en sus películas, en sus novelas, seguro que experimentado en su vida diaria. Y es que las vidas de la gente efectivamente se cruzan, se desconocen pero un día impactan, colisionan, y creo que entonces podrían ser capaces de provocar toda una explosión del universo.
Siempre he sentido particular atracción por la casualidad, el azar, que no es lo mismo exactamente que el destino. El destino implica algo escrito, inexorable y a la vez inamovible. El azar es algo previo, una situación, una oportunidad, un segundo parado en muchos segundos en que tienes que tomar decisiones, aunque a veces se vean impelidas por fuerzas desconocidas. El mismo azar que hace que piense que Los amantes del círculo polar es una de las películas más bonitas que se hayan rodado. Y el mismo que me hace creer que perder un avión que luego explota en mitad del Pacífico no es mera casualidad. La misma que me hace creer que no es casualidad que una compañera nos pregunte por rutas de Cantabria, se nombren sitios determinados, y a los 10 minutos en riff aparezca un post sobre Cantabria que responde exactamente a las preguntas de esta persona. La misma que me hace creer que no es sólo casualidad que le hable a una persona de un libro extraño y muy difícil de encontrar, que esa persona viaje hasta Francia, y allí, en una de tantas librerías, encuentre ese libro, la misma edición, en castellano, listo para ser descubierto. Porque hay muchas librerías, hay muchos países, mucha gente dispuesta a comprar libros. Para Krys todo se reduce a que cuando alguien habla de algo, o te presentan a alguien "nuevo", el cerebro está más atento a percepciones. Yo creo que hay algo más, que las coordenadas espaciales y temporales son capaces de alinearse caprichosamente para hacer que pierdas un vuelo, encuentres algo en un sitio insospechado muchos años después, que la persona que se sienta de pronto una mañana a tu lado en el metro es la persona que después esa mañana te va a ofrecer el puesto de tu vida en una entrevista de trabajo, o que la persona que se sienta a tu lado en el avión tras tener que cambiar de asiento es la persona de tu vida. ¿Dónde queda ahí la mente atenta?
La Universidad de Virginia creó hace ya algún tiempo una página que recoge el espíritu de los 6 grados de separación: Seis grados de separación es la teoría de que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona en el planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cuatro intermediarios. La teoría fue inicialmente propuesta en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en una corta historia llamada Chains. El concepto está basado en la idea que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera. La Universidad de Virginia llama a su página el Oráculo de Bacon. Para resumir, el asunto consiste en enlazar dos actores de cine en menos de seis pasos. En este caso, el referente es Kevin Bacon. Se supone que en menos de 4 pasos puedes conectar a Bacon con medio mundo. Pero no sé si servirá con alguien que no sea actor, o escritor, o se mueva por ese mundo. En todo caso he hecho la prueba con Paul Auster y sólo lo separan dos grados de Kevin Bacon. Probad: http://oracleofbacon.org/. Lo increíble es que de Andrés Pajares sólo lo separan tres grados. Y si queréis más experimentos, en la página http://smallworld.columbia.edu/, podéis participar directamente de la teoría de los 6 grados de separación, en este caso, a través del correo electrónico, y quizás os pueda pasar como este chico, que forma parte del experimento:
"la persona objetivo que me ha "tocado" es Christina Garrison, una chica de 18 a 24 años que trabaja de camarera en un bar de camioneros y vive en Grand Island, Nebraska, desde 2002. Es actriz aficionada y le gusta el karaoke. Anteriormente ha vivido en los estados de Virginia e Illinois, y visita la ciudad de Nueva York muy a menudo.
La persona más cercana a Christina que conozco, y a quien le he decidido pasar "el relevo", es a Andrea, lectora de uno de mis blogs. La razón es que ella vive en Nueva York, ciudad que Christina Garrison dice visitar muy a menudo.
Espero que haya suerte y pueda dar con Christina, me encantaría que me contara un montón de peleas de camioneros borrachos."

El azar o la casualidad son elementos muy apetitosos para la literatura y, por extensión, el romanticismo. La vida cotidiana nada en azares y casualidades, pero sólo nos llaman la atención aquellos para los que estamos predispuestos. Muchas veces incluso no son tan enigmáticos y nosotros mismos forzamos su magia.
Soy mucho más prosaico en la cuestión y, aunque sea un recurso potente si está bien entrelazado y una materia prima para el misterio absolutamente incontestable por su caracterísitica falta de causa/efecto, en ocasiones me parece facilón y, en según que individuos excesivos, algo baboso.
¿Citando a Auster no esperarías una alabanza mía, verdad? Su inclusión en el texto contamina mi comentario, lo asumo y confieso.
Pues claro! para nada esperaba una alabanza, además, tu punto de vista me parece tan válido como el mío, ya sabes que lo hemos discutido muchas veces. Supongo que creer en el azar y las casualidades como parte de la magia tiene algo de ¿fé?. Curioso viniendo de una atea. Eres más pragmático que yo, y más práctico. Lo que no hace que todo se vuelva mejor, ni mucho menos. Creo firmemente que creer en la casualidad, en la magia, el azar o en conejo saliendo realmente de una chistera me hace no perder una parte de mi misma con la que me reconozco perfectamente. No quiero saber el truco, ni si hay truco. Quiero seguir creyendo que el conejo efectivamente sale de la chistera.
No, mi punto de vista es el único válido.
Como lo es que Transformers sea mejor que la película de la Nimri (por qué!!!).
¿Por qué no te gusta Auster, Thanatos?
Creo que aunque Auster habla de azar y casualidades de forma indistinta en realidad son cuestiones muy diferentes. Digo esto sin mucha seguridad poruqe tampoco he leído tanto de él.
El tema del azar me fascina, el "todo puede suceder". Da un poco de vértigo, pero resulta emocionante. Quizá sea por oposición a la predestinación, donde predestinación=náusea y lo que es peor, a veces = a base argumental de pinícula de Meg Ryan.
El tema de las casualidades (las cuales surgen cuando el azar se traviste de destino) me parece curioso, y creo que además Auster es un maestro vistiendo las coincidencias. En "la invención de la soledad", por ejemplo, contaba que la habitación de Ana Frank en Holanda daba a la parte trasera de la casa de Descartes. Un hecho que tampoco en principio resulta tan interesante, pero que a través de sus palabras resultaba interesantísimo.
Dracma realmente piensas que la casualidad se contrapone a la predestinación? Es curioso, porque yo lo veo - en el caso que tratamos como recurso literario- como la otra cara de la moneda del destino ineludible.
Son como dos senderos que llevan al mismo lugar, uno recto y despejado y el otro más retorcido y nublado. Pero siempre tenemos la certeza que llevan al mismo sitio.
Es un recurso empleado, o al menos yo lo he solido detectar de tal manera, a fin de dar un rodeo a la resolución. Naturalmente, cuanta mayor maestría más riqueza argumental, pero no deja de ser una truco de prestidigitación.
Y no es que esté en contra de las casualidades y el azar en sus manifestaciones, ni mucho menos. Lo que soy es escéptico con su glorificación.
Hoy he sido objeto de al menos una decena de casualidades, de las cuales no recuerdo ninguna ya que no han cumplido mis expectativas.
Hombre, para mi la casualidad y el destino no pueden ser más diferentes. Tu dices que ambos llevan a un mismo lugar, pero es que yo parto de ese lugar. Hago el camino al revés: partiendo de un hecho acontecido poco probable busco una explicación, un por qué. Y puedo creer que se debe a una coincidencia caprichosa del azar , o puedo creer que ha sucedido porque "tenía que ocurrir".
Para mi, el "tenía que ocurrir" es un signo de romanticismo, resignación, abulia, o miedo a enfrenarse a la angustia que puede provocar el pensar que coger o no coger un autobus puede significar la diferenecia entre vivir o morir.
Dracma, que no había tenido casi tiempo de responderte. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, además, perfectamente argumentado.
Krys, ríndete!