Tengo una malsana costumbre, mirar los nombres de los buzones de mis vecinos. A través de los nombres y del número de ellos que aparecen en esas plaquitas negras, se pueden saber muchas cosas. Incluso el hecho de que alguien en lugar de plaquita tenga cartelillo de papel, puede indicar que son inquilinos de alquiler, gente de paso, gente que viene y va, al que un día puedes dejar de ver simplemente.

Si un día tuviése una casa propia e independiente me compraría un buzón modelo country, color negro. En realidad, necesitaría varios buzones, rotulados de la siguiente manera:

BUZÓN 1: Deje aquí las buenas noticias, los amigos que vuelven después de años de separación, los sueldos nescafé para toda la vida, los premios literarios, las sorpresas del destino.

BUZÓN 2: Deje aquí las malas noticias, las separaciones, las muertes, los ingresos hospitalarios, los despidos, las cartas de editoriales que rechazan tu novela, los corazones rotos.

BUZÓN 3: Deje aquí esas pequeñas cosas que nos hacen perder tanto tiempo: el IBI, la declaración de la renta, los pagos de luz y de agua, el cargo de la VISA.

BUZÓN 4: Deje aquí su regalo. Esa novela de Auster que a usted ya no le apetece leer, ese cd que ya no escucha, esa piedra que encontró el verano pasado en los Ibones de Estanés.

BUZÓN 5: Deje aquí sus preocupaciones, sus dolores, sus llantos, su pena, su malhumor, su dependencia, sus complejos, sus crisis, sus inseguridades. Y pase el BUZÓN 6, está abierto, recoja las promesas, los buenos augurios, la suerte, el magnetismo, la frivolidad, la autocomplaciencia, el beneplácito, el hedonismo, la gula, la amistad.

BUZÓN 7: Éste es el buzón de las utopías y de los sueños. Está lleno a rebosar, así que tenga cuidado, sea paciente, pero inténtelo, no se rinda. No es fácil que se rompa porque está hecho de un material más duro que el resto. Lo fabrique yo misma. SUERTE.