Te pido perdón por haber roto la mesa de mármol de la terraza, símbolo familiar, casi totémico, utilizándolo de balancín. Ni siquiera tengo la disculpa de que era una adolescente inconsciente.
Te pido perdón por aquella vez en que te conté que las ranas me daban miedo, sólo para que metieses tu mano dentro de mi saco de dormir para sacar aquel renacuajo, y yo aproveché para retenerla.
Te pido perdón por aquella vez en que te dije que sólo podíamos ser amigos, aun sabiendo que la culpable de todo era yo. Te pido perdón por no haber sabido ser la que querías que fuése, por no haber cantado contigo los coros de Linkin Park. Por no ser como Lara en Doctor Zhivago, por no tener su capacidad de abnegación y sufrimiento.
Te pido perdón por haber dejado que la relación de hermanas que teníamos se perdiése, se desdibujase, y que ahora seamos casi como extrañas, o como meras conocidas, algo que todavía duele más. Te pido perdón por no haber conservado la zapatilla de ballet, justificandome con la falta de espacio de mi casa, pero quiero que sepas que para mi siempre serás una artista, la Isadora Duncan de las causas perdidas, de los ballets de tercera, la reina de la pista, aunque perdieses a tu Travolta. Y que siempre serás ligera, aunque en el ballet de Nancy te dijeran que eras demasiado alta.
Te pido perdón por no haber pasado la última noche de nuestro viaje de estudios contigo, pero pensé que preferirías estar con él, arañando minutos a Bruselas y sus calles mojadas. Y a los pocos años que sin saberlo os quedaban. Te pido perdón por no haber podido despedirme de ti, por no haber ido más que en un par de ocasiones al cementerio. Tú sabes que cada vez que paso por el portal de tu casa te recuerdo, o cuando veo los billares a los que íbamos cuando faltábamos a clase en los últimos días antes de las vacaciones de verano. Os pido perdón por no haber puesto todo de mi parte.
Te pido perdón por sentirme incómoda en aquel taller que un día ibas a heredar, por corregirte, por haberte dado una segunda oportunidad. Y te pido perdón por no saludarte el último día.
Te pido perdón por no saber perder, por no poder sentirme triste siempre que tú querías, por no responder a tus llamadas.
Te pido perdón por las veces que te he podido fallar, por no ser más valiente, por no ser más arriesgada, por conformarme.
Te pido perdón por no devolverte con creces todo lo que me has dado, por ser la más fuerte, la mejor, la que no falla nunca y me levanta aunque me caiga cien veces.
Pido perdón por no ser infeliz.

muy conmovedor,son palabras q francamente olvidamos nombrar a la vez,,, GRACIAS, PERDON, POR FAVOR, si a traves de una sonrisa podemos manifestar muchas cosas,,, dije sonrisa, no risa,,, adentrate muy dentro de ti,,,e inhundate de lo absurdo de los días ,cuando lo atìpico se convierte en parte tuya, cuando las hojas secas recobran vida, tran un gesto movible,, adentrate a tu `´anico y no le huyas a nada x nadie, kiere a màs no poder y esclavizate de tú propio porvenir,,,comienza a ser un buen observador,,,y ama a lo q este en frente tuyo,,,
saludos,,y adelante,,,=D