Cosas que ver de madrugada
La justicia cósmica existe. Ésto es lo que me ha contestado una amiga cuando le he contado que a mi jefa se le ha quemado la casa.
Obviamente, lo ha dicho sin un ápice de maldad, pero es una de estas cosas que a ella le encantan, lo de los karmas y toda esa parafernalia. Curiosamente ayer vi pasar los bomberos que luego han resultado ser los que extinguieron el fuego de su casa, por el centro de la ciudad, a eso de las 8 de la tarde.
No sé que debe ser más descorazonador, si llegar tranquilamente de vacaciones y encontrarte con que te han robado todo, o encontrarte tu casa quemada. En los dos casos has de volver a empezar por el principio. Lo que es innegable, es que esta mujer no tiene suerte, que parece tocada con una varita mágica pero defectuosa o caducada.
Y yo mientras tanto le doy vueltas a mi futuro laboral. Tras aprobar la oposición viene la duda de si quedarme en mi actual facultad, o cambiar a la biblioteca de la facultad de humanidades, a la que en principio me siento mucho más afín. Ya es hora de tener romances con Lorca o Noam Chomsky en lugar de con Astigarraga, al cual después de casi 6 años todavía soy capaz de bailar alguna letra del apellido. A favor: la materia, la ubicación del campus, en el centro de la ciudad, el edificio (arquitectónicamente hablando). En contra: empezar en un sitio nuevo / el miedo de empezar en un sitio nuevo.
Como decía Troutman una vez en una entrada de su blog, el miedo nos paraliza. Y sin embargo, cada perspectiva de cambio es una aventura, una oportunidad. Así que de aquí a fin de año, espero tenerlo más claro.
House terminó ayer su tercera temporada. Y acabó como tenía que acabar, con House fumandose un gran puro y saltándose a la torera toda la normativa sobre la prohibición de fumar, solo, con una guitarra nueva y sin miedo al cambio. Aunque seguro que es sólo fachada. Tras terminar House se me ocurrió quedarme a ver la nueva serie que se emitía sabiendo de antemano que el pronóstico pintaba mal. Efectivamente, topicazo al canto. Familia que parece perfecta pero que tiene múltiples fisuras, padres ideales e idealizados que descubren que no son tan perfectos, una madre de las que siempre tiene todo a punto el día de acción de gracias un punto castradora y demasiado gallina clueca, un padre de los que adoran todas las hijas con doble vida y demasiados secretos, no podía faltar el hermano gay, la hermana con problemas en el matrimonio, el hermano que estuvo en Afganistán, y la hermana conservadora, la boca de pato Calista Flockhart, más flaca que nunca. Y encima me ponen a mi adorada Brenda (Rachel Griffiths) de "a dos metros bajo tierra" a hacer de madre de familia, con mechas rubias y traje de chaqueta. Y se suceden las escenas en torno a la cocina, mientras cocinan, y tienes la sensación de haber visto lo mismo miles de veces. Apagué a mitad del segundo episodio, cuando la boca de pato decide quedarse con su madre (y abandonar poco menos que su carrera política), y cocinar juntas en esa gran cocina que prepara perfectas comidas de Acción de Gracias o aniversarios de boda (ah no, que el padre tenía una amante y además fallece).
El día que Laura Linney (el viernes se estrena Jindabyne) aparezca cocinando pavo y sabiendo qué decir en cada momento, no vuelvo a ver una serie (mentira, mentira, mentira).

Troutman dijo
Acabo de terminar mi mudanza, de unas dimensiones bastante más limitadas de lo que suele ser habitual, y me he dado cuenta de que si todo se quemase no me importaría demasiado excepto por el ordenador, por el dinero, o los libros y comics.
Que veas Weeds coño!
4 Julio 2007 | 02:03 PM