Comoviene siendo habitual desde hace demasiado tiempo, apenas tengo tiempopara escribir, así que voy a por una entrada cortita.
Atenordelo que se comentaba en el post sobre libros, yconcretamentesobreMurakami. Mientras el estúpido del asiento delanteroleía "lacazadelcarnero salvaje" mis ojos repararon en sus vans decuadros,unapiernacruzada sobre la otra, unas bermudas, unaspiernasindolentes,unaszapatillas inmaculadas.
Como cada vez arrastro másy másmanías,no es de extrañar que una más sea la de repararconcienzudamenteen loszapatos de la gente,catalogándolos en mi enormecatálogo de seresyetiquetas inventadas. Zapatos de tacón,blancos, conaspectodeplástico=fan de OT, de Malú,Andy y Lucas, de pizzas en lacalle,deedredón de flores, de maquillaje dos tonos por encima delorecomendado.
Lasvans de cuadros entran dentro de mi universodeniños pijos, de los quequieren ser modernos. A diferencia deunasconverse, las vans son elcantante del grupo, el que lleva gomina ysefolla a las groupiesentradas en carnes. Y la tarjeta de crédito alos16 años, y el cuellosubido. Sobre todo, el cuello subido. Por esomedolió más que el muyidiota leyese ese libro. Algo no cuadra,o lasvanssonfalsas,(imagínense al muchacho de marras pintando cuadritos alasdosde la madrugada con su rotulador negro) o quiere ligarse aunachica.Una chica que lee a Murakami y que no usa leggins.
Alladodelchico vans quiso el destino, o el azar, o lo quequieranustedesdecir,que viajase una chica, japonesa, y justo al otro ladodelpasillo,supareja, también japonés. El chico miraba concuriosidad comoelchicovans leía a Murakami, con una media sonrisa enigmática. Asabersisonreía pensando en que por fin occidente se había rendidoalaescritura del japonés, a saber si para ellos Marukami es comoGalaparanosotros.
Otro apunte tonto. El otro día volvió mijefa,trassus meses de baja por maternidad (en este caso por adopción).Medicuenta de que apenas había pensado en ella en todos estosmeses.Haygente a la que ves todos los días y sin embargo dejan un granvacíoencuanto dejas de verlos unos días. Otros sin embargonisiquierapermanecen en tu memoria.
K. y yo estamoscomparandopreciosde distintas compañías aéreas para viajar a Suizaesteverano.Demomento Clickair se lleva el gato al agua, sustarifaspareceninsuperables. En mis sueños sigo pensando que estosprecios tanbaratosestán directamente relacionados con aviones que nolograríanpasarcontroles, con aparatos construidos con piezasrecicladas,recortes enseguridad. No me vale que me digan que recortan abase deque no dannisiquiera una chocolatina con la que amenizar elaterrizaje.
Noshemos quedado con las ganas de ver Zodiac,pensando que laestrenabaneste fin de semana. Y me he quedadosorprendida al ver que eltrailerde"retrato de una obsesión" en realidadpertenece a una películasobrela vida de Dianne Arbus. Soy fan de esaseñora, pero el trailerpareceuna película sobre lo sobrenatural, no enconcepto de lodiferente,sino sobre lo inmaterial, sobre espíritus yespectros. Creoque noquiero verla, como tampoco quise ver la películasobre SylviaPlath.Hay mitos que deben permanecer inalterables. Y si no,que se lodigan alos miles de lectores que este fin de semana hancontempladolacarnicería que un doctor hizo con Marilyn, cuando laoperaron delavesícula biliar. Del síndrome Arthur Miller no pudieronoperarla.
Gracias a la creatividad de la coctelera, que se ha cansado de separar palabras se hace dificii entender parte de leer la entrada.
Me gusta Murakami y uso leggins, no tiene por qué estar reñido. Así que me parece coherente que un chico lleve unas Vans y lea a Murakami y puede que le gusten ambas cosas.
Bueno, que nadie se ofenda por el comentario, que de la primera que me rio es de mi misma. Todo el tono de la entrada es irónico y cómico, espero que se entienda.
Estoy hasta ahí de la puñetera coctelera, no sé pq junta las palabras.
No me he ofendido, y eso que tengo motivos, porque además de usar leggins, tengo unos zapatos blancos de charol, y comer pizza en la calle no me supone ningún problema, con lo cual está claro que Murakami es el elemento discordante: soy una "Vanessa".
En cualquier caso, al leer mi primer comentario, una vez publicado, me he dado cuenta de que he sonado un poco brusca y de que además no sé escribir:
"se hace dificii entender parte de leer la entrada"
mi única excusa para ambas cosas es que tenía prisa y quería dejar constancia de lo de los leggins.
Por qué leggins cuando toda la vida, cualquiera que haya nacido antes de 1980 puede corroborarlo, se han llamado "mallas"? David Lee Roth o Ana Torroja llevaban mallas, diantre. Ahora quieren venderlo como algo innovador donde la palabra mallas es residuo de un pasado demodé?
Mi profesora de historia, que nos llamaba a todos "ciudadano"y era la encarnación de la antipatía, embutía sus 150 Kg en mallas, y por mucho que le cambien el nombre al ver esa prenda su recuerdo nunca desaparecerá de mi memoria.
Diablos, esto de envejecer se hace tan cuesta arriba...
Yo tengo sandalias blancas. Pero no tienen tacón ni punta. Es que mis categorías están llenas de matices. Tú nunca serías una Vanessa, ni aunque lo intentases.
En cambio no me gusta comer por la calle, pero por una razón, ir andando y chorreando salsa de tomate me produce demasiado corte, soy muy tímida y me da bastante corte comer delante de la gente.
besos!
Cuesta un mundo leerte con la coctelera de por medio. Yo creo que, repcisamente, el lector medio de Murakami ahora pude ser...cualquiera. Es un best seller con fama de calidad, con lo que cualquier maruja o gafapasta pueden coincidir en el autobñus con Kafka en la orilla bajo el brazo (en cuyo caso el segundo lo escondería en su bolso).
Y amí tampoco me gusta comer mientras camino, pero no tengo ningún problema en hacerlo en la calle, al fin y al cabo en cualquiera puede verme en cualquier bar poniéndome la camisa perdida de salsa brava o montándo un espectáculo con un pincho de diseño, como suele ser habitual.
A ver si nos prodigamos más!
Thanatos,
Lo de llamar "ciudadano" a cada uno de los alumnos no me parece muy operativo, la verdad, aunque tampoco me lo parece llevar leggins cuando pesas 150 kg
En mi infancia, a los leggins los llamaba "culottes" o pantalones de ciclista, las mallas para mi eran la ropa de hacer gimnasia rítmica.
Blackstar,
un único apunte que si no no me quedo tranquila, que conste que no me ha molestado lo que has escrito en ningún momento, de hecho, el segundo comentario era para excusarme por mi brusquedad.
Troutman,
doy fe de lo del pincho de diseño y de lo de: "¡Mira, mira, Mireia! ¡Sin servilleta!
Murakami no es lectura de marujas, Mikel, es accesible y quizá entre el público joven esté de moda, pero francamente, me cuesta creer que sea lectura típica de amas de casa de nivel cultural medio-bajo.
No sólo nos llamaba "ciudadano", sino que en dos ocasiones fui castigado por "guardia pretoriano".
La falta en en cuestión consistía en esperar su llegada en la puerta del aula y no sentado en el pupitre.
Hace poco tiempo me enteré que había muerto de meningitis, pobre mujer...se intuía.
Otro día hablaré de mis profesora de latín, a la cual llamábamos "el albatros" por haber sido campeona de natación en su juventud, intuyo que en los sería durante la primera mitad de siglo, de existir certámenes femeninos. El nombre venía por la longitud de 145 cm, no de alas como el popular pajarraco pepero, sino por su estatura. El deporte favorito de la clase, yo incluido, era hacerla llorar. En aquel entonces molaba.
te refieres a que entonces molaba hacer llorar a las mujeres o que tú molabas?
Lo de llamarla albatros me parece rebujcadísimo.
Me ha costado horrores leer esta entrada y algunas frases de palabras interminables como si fueran alemanas me las he saltado sin remordimientos. Horror de blog, a ver si haces algo.
Pues mira, yo tenía pensado comprarme unas Vans y tampoco me considero pija ni moderna, sólo práctica porque son unas zapatillas muy cómodas y yo tengo los pies delicados (léase que ojalá pudiera ponerme zapatos blancos de tacón). Creo que eso de las clasificaciones es un error terrible y creo (sin haberlo leído, toma prejuicio el mío también) que Murakami, sin llegar a ser para marujas, es un best- seller tipo Mondosonoro que cuadra a la perfección con llevar unas Vans y que más raro es ver a alguien leyendo a Oé, por poner sólo un ejemplo.
Suerte con lo que queda de exámenes.
Y seguro que Murakami tiene y usa unas Vans. O quizá no esa marca pero las zapatillas tradicionales orientales (planas, de tela fina, con suela de goma y sin cordones) se les parecen muchísimo.
Troutman, lo que molaba era hacer llorar a los profesores. Te sentías importante y poderoso. Los tiempos no han cambiado tanto, me temo.
Lo del sobrenombre ahora parece rebuscado porque está descontextualizado, pero por aquel entonces aún estaban recientes las gestas de Michel Gross, el nadador alemán que superaba los dos metros de una mano a otra con los brazos en cruz.
Por cierto, los tiempos no han cambiado en materia de abusos a los profesores no que yo haga llorar a los profesores. A estas alturas como no les cuente un chiste con mi gracia natural es complicado.
otra que vuelve!! primero leo el retorno de Nuala y ahora el tuyo!! pues ya te daba por perdida, bloggisticamente hablando, claro... en fin, que me alegro...
PD: a mí también me gustan esas vans de cuadritos, y probablemente mi naturaleza caprichosa hará que me haga con unas, aunque no sean aunténticas, aunque sean, qué se yo, VAMS... (ahora iría muy bien un emoticono de esos de la cara avergonzándose que hay en el foro de Riff)