Reflexión para el nuevo año que comienza
Por fin ha acabado este particular annus horribilis (modo Isabel II on) que ha sido el 2006. No ha sido un año bueno en general para mi familia. Pero todo pasa y te obligan a encarar el nuevo año con fuerza, con alegría positiva. Como alguien dijo alguna vez, puedes hacer las cosas de dos maneras, o con mala cara o con una sonrisa. Si de las dos maneras has de hacerla, mejor que sea con una sonrisa. Intentaré sonreir hasta cuando haga pollo al curry.
Hay gente que sonrie poco, pero cuando lo hace, ilumina todo lo que toca. Pienso en enormes granjas de pollos calentándose al calor de la luz eléctrica, y en plantas de invernadero. Calidez. Y hay gente que va todo el día con la sonrisa puesta pero que carece de toda cordialidad. He aprendido a distinguirlos.
En fin, que todo vuelve a su curso. O a su cauce. Mi hermano a su Granada con su Lay y mi tío, a la soledad estrenada de su casa vacía. Y yo, a mi trabajo. Que cada día me aburre más.
Os voy a contar una cosa estúpida. Cuando nos dieron el premio literario y el de arte y cómic, la televisión autonómica nos hizo una pequeña entrevista para un programa de fin de semana. Una entrevista al ganador de cada una de las categorías. El chico que había ganado el premio de arte, tiene una línea de ropa, modesta y urbana, que ya he visto en una tienda de Zaragoza, antes de saber que era de él y que le diesen el premio. Y me gusta muchísimo lo que hace. El ganador de cómic, colabora con el Mondosonoro de vez en cuando. Dos chicos con talento. Resultó interesante la experiencia de ser grabada con una cámara. Mira aquí, mira allá. Ahora habla, ahora escribe. Media hora grabando para luego verte tres minutos en pantalla, pero bueno, interesante igualmente.
Diré que es cierto que la tele engorda pero sin embargo me pareció, y mucha gente me lo ha dicho, que mi voz sonaba mejor que la que yo me escucho. Más dulce pero firme. Aunque no me gustase que precisamente me sacasen hablando de si mis amigos me pedían que les escribiese cosas. Creo que había respuestas más interesantes, pero bueno.
Creo que debe ser fácil acostumbrarse a tener éxito, a que te inviten a programas, a gustarse. Y peligroso entreverlo, cuando sabes que nunca vas a estar en pongamos, Estravagario, hablando del Nadal que acabas de ganar. O simplemente, del libro que acabas de escribir.
Estos días mucha gente ha leído los relatos que envié. Y muchos coinciden en lo mismo: "¿por qué todos son tan trágicos?". Entonces pienso que para mi no son tan trágicos. Algunos tienen esperanza, y otros, una buena dosis de sarcasmo o ironía. Otros claro que son tristes. Pero, ¿es que a veces la vida no lo es? Soy incapaz de escribir relatos llenos de humor, o que no estén teñidos por un hilo de adversidad. Parece que los personajes siempre están medio perdidos, tocados, encontrándose o probándose a sí mismos. Quizás como yo. Pero yo no estoy triste, soy bastante feliz. Aunque tenga esa irremediable atracción por los desiertos vacíos, las estepas, la niebla, la soledad, el azar y los secretos del pasado. Creo que mis personajes son aquellos que sonríen escasamente pero anhelan ser capaces de generar tanta energía eléctrica como para hacer funcionar toda una central.

polromeu dijo
En parte coincido con esa impresión generalizada que producen o que se percibe en tus textos.
Te confieso que, cuando veo que has sacado uno nuevo del horno a veces lo reservo para no tener que encontrarme con mi hapatía descrita con pelos y señales y que eso me deje un poco más marchito de lo que podía sentirme en ese momento.
Comentario: También hay días buenos, eh, en los que uno sonría e ilumina y aún no sabe porqué.
Buen año.
8 Enero 2007 | 11:31 AM