Ayer fue el día D, el día H, el día del fin del mundo. Fin del mundo que anticipo que no llegó. Tenía que ir a recoger los resultados de mi escáner, el escáner que me hicieron hace ya dos meses, la única vez en toda mi vida en que he sido atendida por tres médicos guapos, jóvenes y solícitos mientras yo me sentía como un astronauta en pruebas para ser aceptado por la NASA tumbada en ese tubo. Mientras espero en la sala de espera, como un chupachups Kojak, de los que me hecho fan, pero un señor que ahora se que se llama Carvalho pues así lo ha berreado la enfermera, me mira con mala cara. Me levanto hasta la ventana, y para aislarme, intento recordar cuantas canciones número 7 son especiales de entre los últimos discos que he escuchado. Dosed And Became Invisible de Joy Zipper. Pero intento visualizar su portada, mientras las cuerdas de esta canción rebotan entre los dos hemisferios de mi cabeza, intento recordar aquello que parecen gaviotas gigantes, patos blancos, atravesando el cielo azul, pero en su lugar aparecen Arcade Fire. Estuve viendo demasiados vídeos suyos. Otorrinolaringología está al lado de Urología, así que las cuerdas se callan y un ñiiiiiiiiiii de disco de vinilo rayado me sacude cuando una voz aguda y taladrante se impone contando los problemas de incontinencia urinaria que sufre desde hace ya 5 años. Finalmente me llaman. El médico me pega un susto acojonante porque mirando mi escáner, me pregunta si me encuentro bien. Y allí están mis dos hemisferios, en los que ya no suenan chelos, sólo la voz del médico preguntando si estoy bien. "Aquí no hay nada", dice. Era la última prueba que me tenían que hacer así que finalmente no hay absolutamente nada de lo que preocuparme. Para celebrarlo, me voy a comprarme un libro. De vuelta en el autobús me sorprendo cuando una niña de unos 15 años, que va acompañada de su madre y su hermana pequeña, mira el autobús como extrañada. "El año pasado no eran así", dice. Entonces reparo en la madre, en su bolso de Vouitton auténtico, reparo en los ositos de Tous que decoran a la niña y en las gafas de sol tamaño mini de la hermana pequeña. Supongo que normalmente viajarán en coche, en taxi, en una limusina con Sebastian. Pero ellos no tienen día D, ni día H, ni canciones de Joy Zipper, ni el Emménez-moi de Aznavour resonándoles en la cabeza.
Mi padre siempre ha sido fan de la canción francesa, así que el otro día, mientras veía CRAZY, me sentí sorprendida y emocionada por el tributo a esa canción, cuyo estribillo me vi cantando bajito, con esa letra sencilla y algo ingenua:
Emmenez-moi au bout de la terre
Emmenez-moi au pays des merveilles
Il me semble que la misère
Serait moins pénible au soleil
Esto me recordó a las sesiones maratonianas que algunos sábados por la tarde, cuando yo tenía unos 10 u 11 años y mi hermano unos 7 u 8, destinábamos con mis padres a escuchar música y bailar en el salón. Y entre ellas claro, sonaba esta canción. Creo que es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi infancia. Cuando crecimos un poco y comenzó a llegar la vergüenza, en esa etapa en que hasta contestar a un camarero te hace enrojecer, llegaron también los discos de Technotronic y de Roxette, ahí mis progenitores ya andaban algo más despistados. A veces, todavía me pregunto como logré encaminarme de nuevo hacia el buen camino, Roxette y Technotronic hacían prever lo peor.
El caso es que el otro día, escuchando a Aznavour, pensé en lo difícil que se me hace concentrarme en una tarea, en estudiar o resolver algo, si de fondo suena una canción francesa. He comprobado que Mozart y la música en inglés es estupenda para estudiar con energía. Wagner hace que sienta deseos de leer incluso la biografía de Sartre, pero la canción francesa de los sesenta... sólo me provoca deseos de estar invitada a una soirée, vestida con un vestido negro de líneas rectas, y bailar con algún muchacho llamado Jean, o Dominic. Y girar y girar en la semioscuridad, deseando que Dominic lleve su mano a mis pechos.
No sé si a alguien más le ocurre lo mismo, la capacidad de abstracción, de no abstracción y la profusión de sentimientos distintos que provocan los distintos idiomas en que alguien puede decir te quiero mientras canta.
Je t'aime es un muchacho francés con perilla que pasea cada tarde por el pont Neuf. I love you es una muchacha digna del verdadero american way of life, rubia, con tirabuzones, experta en hacer tarta de manzana. Ich liebe Dich es un viejo combatiente de la segunda guerra mundial, que todavía se pone el uniforme en la soledad de su casa berlinesa. Tendré que aprender a pronunciar Kimi correctamente.

Ich liebe Dich significa chúpame la polla.
Enhorabuena por los resultados del escáner. Si a mí el médico me dice, "te encunetras bien?" la cabeza me empezaría a dar vueltas.
En m9i caso, jamás hemos bailado con mis padres, no valemos para ninguna película, solamente nos íbamosde vacaciones a un camping y yo leia en la sombra.
Para realizar cualñquier tipo de tarea, lo mejor es directamente canciones que no conoces bien, que no despisten. Y para leer, directamente algo sin letra, o al menos que sea ininiteligible. En sueco, o en japonés, o en el idioma de los grillos. A mi el francés y el ilés me despistan por igual. Tengo que probar con música clásica, pero de momento Pelican me va bien.
Durante un instante, en realidad varios instantes en los que el médico a mi respuesta "sí, me encuentro bien", seguía callado y mirando el escáner, me acojoné vivita. No tienen piedad.
Bailar con los padres es una experiencia que con el tiempo recuerdas como entrañable, y que además puede servir como método de coacción llegado el caso.
Estoy de acuerdo en lo de leer, Piano Magic, Sigur Ros, Dredg, el post-rock de Mogwai, todas esas cosas me van de coña.
Hay verdaderos estudios sobre los compositores clásicos, acerca de que melodías son más aptas para tal y cual tarea. Por lo visto Mozart tiene algo especial, y no sé si será mera coincidencia pero he comprobado que centra la mente en el estudio y a la vez proporciona paz espiritual.
Ya te dije que seguro que no sería nada... ¡Me alegro!