Ya me temía yo que el hecho de que no hubiesen estrenado en ZGZ Honey Baby de Mika Kaurismäki o Junebug, me traería una nueva decepción, merecida, al acompañar al cine a una amiga que quería ver "La educación de las hadas". Y es que ya no es que estuviese Bebe en el reparto, o que la dirigiese Jose Luis Cuerda, sino la absoluta falta de originalidad del cine español en los últimos años. Y nada peor que cuando una película lleva 10 minutos en proyección y ya adivinas el porqué de las lágrimas de la bella Iréne Jacob.
-Demasiado enamorada de su marido para haber dejado de quererle
-Demasiado poco tiempo para que se haya aburrido
-Todavía se abraza como un náufrago hambriento a la espalda de él cuando se la folla
Conclusión: está enferma, muy enferma, y se quiere alejar. Así que una de dos, o el director pasa y no le importa que cualquier espectador que preste algo de atención a la película lo va a saber, o quiere que lo sepamos. Y en mitad de esta historia aparece un niño al que todo el cine le rie las gracias, menos yo, al que le parece asesinable, y Bebe, haciendo, mejor dicho, encarnando a ese hada mortal que es la cajera del super, inmigrante y con carrera, argelina, y liberada. Y paño de lágrimas. Menos mal que he conseguido vencer el sopor debido al frío de la sala, que me ha obligado a ponerme una chaqueta. Por el rabillo del ojo he visto que la chica de al lado lloraba, y el novio le cogía entonces la mano. Y es entonces cuando me he encontrado pensado que a mi no me gusta que me cojan la mano cuando estoy llorando en el cine. De hecho, no me gusta ni que sepan que estoy llorando. Y no por vergüenza, no hay nada absolutamente vergonzoso en lo que es conmovedor, sino que es un momento íntimo, tan íntimo como ir al baño o tirarte de rodillas en tu cuarto berreando con SOAD e imaginando al público allí abajo. Puedo llorar en el cine, al lado de una amiga, y saber que ella está llorando, pero no le diré nada. Y cuando salga, entonces sí, a la luz del sol, nos reiremos dle hartón de lágrimas. Pero ese momento de compasión se respeta, leches. No quiero que nadie me coja la mano cuando una película me conmueve. Y menos, que me hable, o diga, "qué trsite", como el novio de esta chica. Que alguien le proponga para un Nobel.
El viernes uno de mis amigos nos contó que opta a la gestión de una de las terrazas de verano que el ayuntamiento pone cada año en los parques de la ciudad. Su idea, si se la adjudican, es convertirla en un pequeño oasis urbano y cultural. Proyecciones de cortos, ciclos de cine temáticos, como por ejemplo, cine dedicado a la comida, o a los colores, audiciones, debates, exposiciones locales. Espero de todo corazón que se lo den, mi amigo es ingeniero pero tiene alma de cualquier otra cosa. Lo bueno es que todo se le da bien, y que tiene suerte. Sé que en su terraza no habrá proyecciones de Jose Luis Cuerda, ni se escuchará a Bebe, aunque en este momento esté llegando vía Pirineos Sur. 29 años. Su novia, mi amiga la geóloga, se ha estrujado la cabeza para pensar en un regalo para su próximo cumpleaños. Ropa, demasiado impersonal. Música, demasiado visto. Un viaje, demasiada pasta. Y sobre todo, se ha estrujado la cabeza pensando en qué le va a poner en la tarjeta que ha comprado para acompañar el regalo, y es que es el primer cumpleaños que celebran como pareja. Me pide consejo pero me niego, es demasiado personal. Seguramente, a pesar de que sólo lleven 5 o 6 meses yo optaría por un "te quiero". Conciso. Nunca me han gustado las frases festivas, ni los poemas copiados a otro. Supongo que ella tiene miedo de no recordar si le ha dicho tan claramente que lo quiere. Supongo, que tampoco quiere ser la primera en decirlo.
El primer te quiero, ¿cuesta? ¿o llega arrollador? En mi caso siempre ha sido rápido, imprudente, inconsciente y arrebatador. Jamás me he podido parar a pensar si era pronto, si él sentiría lo mismo, o si importaba que yo fuese la primera. Por eso también, el otro día contradecía a una amiga que me decía que a los 40 no te enamoras como con 20 años. El amor a los 20 es arrebatado, pero ante todo, el amor es arrebatador, y da igual que tengas 20 que 30 o 40. Seguramente, el amor con 40 juega con más seguridad y experiencia, pero, ¿desde cuando se puede amar o enamorarse de manera más racional? Así que sigo contradiciendo la teoría de mi amiga. Creo que todo surgió a raíz de un programa en que una chica tiene que escoger entre tres hombres, y el primer paso para conocerlos es viendo la habitación de cada uno. A uno lo rechazó por ser demasiado ordenado, a otro, porque tenía muchos libros (si lee mucho tendrá poco tiempo para mi, argumentó ella), así que al final se quedó con la habitación que yo jamás hubiese escogido: trofeos de fútbol, banderines del Barcelona, posters de Christina Aguilera y colcha de piqué en la cama. El museo de los horrores. Con ese hombre intuiría que me esperan largos domingos de fútbol en el plus, o en la radio, música muy muy mala, cocina precocinada y una suegra de las que todavía le mete la camiseta al "niño" por dentro cuando lo ve al ir a comer cada domingo a su casa. Y creo que no me equivoco cuando pienso que esto es todavía más evidente que la causa por la que Iréne Jacob llora desconsolada delante del espejo. Y que jodidamente guapa está cuando llora.

A mí me gusta que me cojan la mano en el cine. Y no me importa que sepan que lloro si es por una película, en la oscuridad, y mucho menos si es mi pareja. Ya sabe que soy una llorona.
Me emociono con suma facilidad lo que facilita que llore con una película, con una canción, etc y lo que me impide expresar mis sentimientos de manera impulsiva, aunque parezca una contradicción. Será una barrera que me pongo para protegerme. Me cuesta decir el primer "te quiero", no lo digo al tuntún, sólo cuando estoy absolutamente segura que no va a joderlo todo, que lo siento con una certeza arrolladora, que no puedo callármelo más. Entonces sí, sale a borbotones, sin contención. Después de ese primero los demás ya se me escapan de los labios. A veces creo que luego lo digo demasiado para compensar.
Yo también creo que el amor es arrebatador a cualquier edad, aunque imagino que no lo vivirás igual con 20 que con 40 porque representa que tú eres más segura, más madura... Mierda, para qué engañarnos: me imagino enamorada con 40 y también me saltaría el corazón con cada llamada de teléfono. Y supongo que eso es lo genial de estar enamorado a cualquier edad.
A mi me gusta que me cojan la mano en el cine, de hecho, que siempre me la cojan, pero no en esos momentos tan íntimos de desamparo ante la pantalla. Es difícil de explicar.
Tengo una compañera que todavía se pone nerviosa cuando su marido la llama al trabajo por teléfono. Y eso que llevan más de 15 años juntos. Eso me parece alucinante y muy difícil de encontrar. Siempre le digo que es muy afortunada.
Ya me parecía a mi que un proyecto que confiaba, aunque fuera levemente, en el gancho de Bebe (que está ahí para atraer a un público muy concreto) estaba destinado al fiasco.