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La Coctelera

Las cosas que nunca mueren

Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Cine, libros, música, neurosis y confusiones mentales

18 Abril 2006

Sushi y tabasco

La otra tarde, estuve ayudando a mi amiga la pintora. Está pintando, por encargo, una reproducción de detalles escogidos del David de Miguel Angel y del Moisés. Me quedo petrificada cuando entro en su estudio y veo la maravillosa reproducción, en unas dimensiones de 2 metros de altura por uno de anchura. El detalle de las manos, del pelo, es increíble. Es bello y perfecto, y entiendo que la gente delante del David llore cuando visita la galería en Florencia.

Me pide que le ayude pintando unos tableros por la parte de atrás, una labor nada artística que no impide que me ponga una bata de pintora y coja una brocha. Me quedo embobada viendo como añade a los fondos unas manchas de óxido que parecen pegotes y después terminan siendo perfectos. Yo, que jamás conseguí dibujar nada que se pareciera minimamente con la realidad. Cuando me mandaban dibujar un perro este acababa siendo el señor Pony de Pipi Calzaslargas, y cuando tenía que dibujar un cerdo, este era el Lassie que adoraba Liz Taylor que ya deslumbraba en la pantalla con sus ojos violetas, cuando las lentillas de colores todavía no se habían inventado. Lo de las lentillas me subyuga más que el tema de las canicas de otra dimensión, me es casi imposible no pensar que si una diminuta arenilla se siente como un elefante, una lentilla haya de sentirse como una apisonadora aplastando un corazón adolescente.

Con los cuadros ya pintados, embalados, y la tarea cumplida, al día siguiente como con ella y con S., mi amiga francesa, en un japonés. Así, a lo internacional. S. acaba de llegar de Milán, de la feria del mueble. La bombardeo con preguntas acerca del diseño, de la línea de España en cuanto a diseño y vanguardia, de si los milaneses son tan chic como parece. Pagaron 18 euros por persona por comerse una pizza y una coca-cola, le robaron el móvil en el aeropuerto de Milán y apenas ha tenido tiempo de dormir, pero está contenta. La ensalada de pepino con sésamo, vinagre de arroz y algas le devuelve el resto de su confianza en el ser humano. Tengo que ir sin falta al supermercado chino que hay cerca del Mercado Central, esta ensalada es lo mejor que he probado en mucho tiempo. Pide el shashimi sin salmón, sólo pescado blanco y atún. Por más que lo he intentado, soy incapaz de hacer deslizar el pescado crudo por mi garganta. En la mesa de al lado, instalados en la zona de fumadores, una pareja come y comparte cuenco y palillos. Demasiada cercanía para mi gusto. Les echo un par de vistazos, y vuelvo a comprobar una estúpida reacción que he observado demasiadas veces: el chico, supongo que piensa que lo miro, con mirada más atrevida que aviesa. Entonces, justo entonces, coge a su chica, le da un beso, y después vuelve a mirarme. Pienso en bombas dinamitando su mesa, regándolo todo de esos estupendos fideos yakisoba a la plancha. Pienso en si el muy engreído ha creído que lo miraba a él con algo más allá de la mera curiosidad. Pienso en qué necesidad hay de demostrar con ese gesto, que él ya tiene novia y es inalcanzable. Pienso en sí mostraría la misma frialdad si la increíble muchacha japonesa que atiende su mesa se abriese el kimono y le pidiése que tocase su piel, que parece recien sacada de una nube de polvos de arroz.

El martes por la tarde comparto un zumo de tomate con tabasco, sal y pimienta negra en El Mañana, con algunas de mis amigas. N., mi querida geóloga, nos habla de que P., el estúpido geólogo y amigo de la que escribe, es un mar de contradicciones, nada que no supiése ya. Quiere irse a vivir con su novia, la que le ha prohibido que él fuese a Bélgica acompañando a N. para ver a su hermana. Quiere irse a vivir con su novia, pero por otro lado, en un acto increíblemente egoista, le dice a N. que ahora sabe que se ha equivocado, y que la echa de menos. Y queda con J., actual novio de N. y amigo de la que escribe, y le repite las mismas palabras.
J. no decae, sigue al frente, pero N. navega en un mar de dudas, que a veces la lanzan contra el acantilado y otras la mecen adormilándola. No hay respuesta fácil, ni tampoco certera, yo sólo le digo que P. es un terrible egoísta. Es duro esperar 10 años mendigando migajas y luego morir de empacho de edulcorante, cuando te has vuelto diábetico.

Seguiremos informando.

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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

fuera D órbita

fuera D órbita dijo

Nunca he entendido el uso que haces de las iniciales seguidas de un punto cuando personificas (¿o es "personalizas"?) una situación.

A mi, personalmente, me gustaría leer que Núria, la geóloga, critica a Pedro, el geólogo, por decir algo. Manías mías.

Es una percepción completamente subjetiva pero es que al leerte, es como si algo se quedara en el tintero, como si quisieras deshumanizar, en cierta forma, tus relatos.

P. deja de ser un personaje frío cuando se convierte en Pedro. Al igual que N. Aunque sigan siendo unos personajes completamente anónimos. ¿No te parece?

19 Abril 2006 | 10:55 PM

Blackstar

Blackstar dijo

Lo hago por mera cuestión de ocultar la identidad de mis amigos. Ellos no saben que existe este blog, ya se que es algo incomprensible, pero a veces me ocurren estas cosas, soy tímida y hay parcelas de mi vida que me cuesta revelar. Supongo que no pasaría nada si pusiése Pablo en lugar de P., pero no se...

19 Abril 2006 | 10:59 PM

Troutman

Troutman dijo

El mejor giro en ese sentido es el dado por Motor, alias iego. El tema de lass iniciales me parece necesario, pero resulta algo cansio. Y un poc confuso. Repito que necesario.

El gesto de ese chico en el Rsstaurante duomque fuera premeditado. Si lo es, pues resulta ser un gilipollas, pero no creo que, en este caso, sea generalizable. Y te lo dice el rey de las genreralizaciones.

La mujer de las 6 letras también estuvo en la feria de Milán. Encantada. Mis padres saben que trabaja en una empreas de muebles y me han preguntado si podría conseguirles unas mesillas de karttel a mejo precio. Madres

20 Abril 2006 | 05:35 PM

Blackstar

Blackstar dijo

A mi me gustan las lámparas de Karttel, unas que me recuerdan a una que tuvieron mis padres cuando vivíamos en el otro piso, allá por el 79! Con el papel pintado en las paredes, claro. Son de cristal de colores. La tienda de Karttel que hay en Zgz duele de solo mirar el escaparate, esos sofás.. qué precios! Que les consiga esas mesillas!!

De momento no puedo renunciar a las iniciales, aunque es cierto que cada vez me gusta menos usarlas...

20 Abril 2006 | 06:05 PM

Nuala

Nuala dijo

Yo para algunas personas, como oger, ya he renunciado a usarlas... Prefiero decir "mi amiga, la que andaba enganchada a una relación perniciosa" que "E." Me recuerda a cuando en los programas del corazón citan a alguien con iniciales por cuestiones legales (i punto, pe punto) cuando todo el mundo sabe de quién hablan.

Voy a decirlo: ¡GAFAPASTAS! Jurjurjur...

21 Abril 2006 | 09:56 AM

Thanatos

Thanatos dijo

Yo estoy muy satisfecho de ser K.

Por muchos años.

21 Abril 2006 | 12:01 PM

fuera D órbita

fuera D órbita dijo

Thanatos, eres un esnob! jejeje.

Aunque, lo reconozco, una K. da más juego que una P. o una N. Aún así, si tuviera que quedarme con una, sería con la incombustible Z, de Mazinger. ;-)

21 Abril 2006 | 03:18 PM

Kar

Kar dijo

usa pseudónimos... que tu amiga es pintora? puedes llamarle Frida... que es una chica rubia y guapa? puedes llamarle Scarlett... y así...

22 Abril 2006 | 05:40 PM

Kar

Kar dijo

... es que yo también me he perdido por completo...

22 Abril 2006 | 05:41 PM

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