Doble exposición
A veces, la diferencia entre un día bueno y uno malo puede ser muy breve. Puede bastar con que tu jefa esté de vacaciones, permitiéndote unos 20 minutos de charla compartida con tus compañeros antes de encender el ordenador. 20 minutos que para alguien pueden suponer un verdadero desahogo. Comuniones de los hijos, planes de Semana Santa, y café. Puede bastar con que te encuentres una nota agradable pegada a la pantalla del ordenador: "Oriol te llamó ayer por la tarde" (Oriol es el director de un distribuidor de revistas electrónicas que tiene que solucionarme un tema pendiente). Puede bastar con que el azúcar esta vez no se quede sin diluir, pegado al fondo del vaso de plástico color marrón que dan en la cafetería de la facultad, o con que no se hayan acabado los caramelos sin azúcar con sabor a frutas exóticas que alguien trajo la semana pasada. Puede bastar con que al salir de nuevo al exterior, haga un perfecto día nublado, de los que invitan a quedarse en casa leyendo a John Cheever y sus maravillosos relatos.
Puede bastar con que S., amigo de K., pueda conseguirme "Pigtopia", maravillosamente editado por Mondadori, a un precio con descuento, y que pronto esté en mis manos. Puede bastar con que encuentre que decir en la boda que K. y yo tenemos el sábado. También puede bastar con la sonrisa que produce la encantadora manera de equivocarse cuando E. dice "los porteadores de sueños" en lugar de "los portadores de sueños". Puede bastar con ver esa perfecta convocatoria para el concurso literario de la universidad y saber que tengo 22 días exactos para terminar de escribir algo que alcance las 80 páginas exigidas.
Puede arruinarse cuando L. me dice que existen diferentes tipos de amor. ¿Desde cuando el amor se divide en tipologías, desde cuando es diseccionable, analizable, desde cuando la gente va al psiquiatra tras una ruptura en una relación de 4 días? ¿Desde cuando he perdido las ganas de intentar convencer de lo contrario, de no debatir hasta la extenuación que sólo existen dos tipos de amor, el amor y el desamor, y que la mínima duda lleva irremediablemente hacia lo segundo? ¿Desde cuando me he vuelto una déspota que no cree en el amor adolescente con final feliz, cuando a otros les sirve? ¿desde cuando pienso que la palabra "acostumbrarse" es terriblemente perversa, que puede anular cualquier resquicio a la esperanza? ¿desde cuando pienso que el amor tibio y cómodo tan sólo esconde un corazón demasiado herido que anhela una casa donde reposar al fin?

Nuala dijo
Más que diferentes tipos de amor (como dices sólo hay uno, por presencia o por ausencia) yo diría que lo que hay son múltiples maneras de amar. Tantas como personas existen.
Mi manera es arrebatada, completa, sublime, ardiente y entregada al 200%... No sé hacerlo de otro modo. No es cómodo ni busca la tibieza. De hecho no entiendo la gente que dice conformarse con menos. ¿Conformarse? Entonces no es amor. Será cariño, será aprecio, será costumbre pero no brilla y hace sonreír y cantar bajo la llúvia. A los que dicen amar así les compadezco.
4 Abril 2006 | 12:26 PM