Esta tarde, cuando iba con la punta de la nariz pegada a la ventana del autobús nº 22, Coso Bajo, intentando no dejarme vencer por el sueño, he pasado por delante de un locutorio, uno de tantos que han proliferado en mi ciudad últimamente, igual que han proliferado las cafeterías regentadas por chinos, las tiendas del todo a cien, las inmobiliarias y las campañas de limpieza que no sirven para nada. Me fijo que en cartel que anuncia el locutorio, pintado a mano, reza un: llamadas nacionales y internacionales. Un error de gramática bastante habitual para un foráneo. Debajo: "Envio de deniro". Vuelvo a leer: efectivamente, no pone dinero, sino "deniro". Pienso en Robert De Niro, empaquetado y franqueado, listo para destino, Burundi, Guinea, Uganda, Rumanía, Ecuador. ¿Conocerá a Robert De Niro el apacible señor negro que a esta hora somnolienta está sentado en una silla tras el mostrador? Lleva una túnica, y come algo que saca de un cucurucho. La parada del 22, ubicada justamente enfrente de su tienda, me deja contemplar los detalles.
Un poco más tarde, quedo con mi amiga L. Me ha pedido que esté presente en la prueba del vestido de novia. Durante casi tres cuartos de hora contemplo como 3 dependientas y la encargada le hacen la pelota de manera avergonzante, pero supongo que es lo normal en estos casos. Veo a mi amiga mayor, tremendamente seria en su papel. Los vestidores de novias, tienen una plataforma, alargada, sobre la que la novia se situa. Una plataforma que simula el pasillo de una iglesia, o de un ayuntamiento, o donde quiera usted casarse. La encargada le pide que ande por la plataforma, como si fuese del brazo del padrino, para ver el movimiento del vestido. En ese momento casi muero de vergüenza ajena. El paseillo del torero, o del toro que va derechito a la muerte. Y ese brazo, inerte, del que cuelga un padrino imaginario que ese día se ahogará en su cuello duro. Encuentro ridículo que afianzar una unión o estar con alguien suponga pasar por el aro de todas estas cosas.
Una de las cosas que además hay que sufrir cuando te ves en estas tesituras, es a todo el mundo preguntando: ¿y tú cuando?. Demasiado para una sola tarde. Arrastro de este nido de víboras a mi amiga, y la obligo a tomarse un café, a que se relaje. Me dice que como soy hipocondríaca, si un día me caso me dará un ataque de ansiedad. Pero en eso se equivoca, soy una persona muy tranquila, y sobrellevo bien la presión. Otra cosa es que sepa casi tanto como el doctor House sobre enfermedades. Me pregunta sobre mi resonancia, como fue. Me dice que a ella le hicieron una gammagrafía. Por supuesto, como buena hipocondríaca, ya se lo que es una gammagrafía, sirve para medirte la densidad ósea, detectar tumores en los huesos, etc. A ella la están mirando de algo en una cadera. Me pregunta si he escogido el texto que tengo que leer en su boda, delante de 300 personas. La gran putada, quiero decirle. Me halaga, pero me horroriza convertirme en el centro de atención de una caterva de invitados que no conozco, durante algunos minutos. Porque seguro que tropiezo, o que tartamudeo, o que le cambio el nombre al novio y le llamo Pablo, un novio que ella tuvo y que fue un gran amor en su vida. Me tiene que compensar con al menos, 3 raciones de tarta.
Con el tema de la tarta le pregunto si va a hacer la típica chorrada de la tarta en el carrito y la musiquita. A ella le da grima pero va incluído en el lote del restaurante. Otra vez sucumbo a la vergüenza. Porque vamos a ver, yo me pregunto, si ya puestos no puedes pedir que te salga Chris Cornell cantando el Ave Maria o Jeff Buckley cantando el Allellujah de Leonard Cohen. No, los grandes "hits" del momento, son los momentos ochenteros. Si hace unos años la gente derramaba rimmel a base de Titanic, hoy en día es a ritmo del tema central de Flashdance. Se que Thanatos se va a tirar de los pelos cuando se lo diga.
Y van a cortar la tarta con un sable?
Mi novia es antimatrimonio declarada. A mí me da igual, sinceramente, y tengo que reconocer que en las bodas de mis amigos me lo he pasado en grande. No obstante, considero que toda boda tiene unas connotaciones pallasiles brutales. La cara de acojonao del novio, la entrada de la novia con su padre, el arroz, el sable de la tarta, el "que se besen que se besen" y la música nefasta que ponen en los bailes.
En fin, dudo que yo también quiere casarme.
A mi todo el circo este me da bastante repelús. Estoy considerando seriamente la opción, si un día llegase a casarme, de celebrarlo en el pueblo de mi madre, en una era, poner unas barbacoas y ala, todo el mundo con su plato a freirse unos chorizos, montar unas mesas con picoteo y que los invitados se auto-sirvan. Para algunos sería original, para otros, una ratería, seguro.
Y si, me temo que va a haber sable. Detalle que detesto enormemente, tanto como las servilletas haciendo el remolino y gritando. Y eso que puedo llegar a hacer un esfuerzo por olvidarme, entrar al trapo y pasármelo bien.
Matrimonio? Lo siento pero no. Pero si eso ya está pasado de moda!!! La iglesia y yo no nos llevamos bien. Ni siquiera pasar por el ayuntamiento...
Lo de siempre, pues: ¿necesito firmar un papel como declaración de amor? ¿Sólo me interesa los beneficios fiscales? ¿O el disfraz blanco de ella?
Mejor juntos y no revueltos. Bueno, no exactamente así, ya me entenderás.
El problema de hacer una boda-barbacoa campestre es que los invitados están acostumbrados a soltar 150 euros y que les enchufes unos solomillacos del todo a 100 y un rato de barra libre. como en las invitaciones es de mal gusto poner "Comida campestre, poned sólo 75 euros", pues existe un problema.
Y si llueve?
150 euros?? eso es lo que se da ahora? tenemos una boda en abril y pensábamos dar 120!
El promedio boda donde el asado esté pasable es de 1 boda por cada 5.
Si llueve todos al pajar, mis abuelos tienen uno, si no se ha derrumbado este invierno.
¿quien se llevara el liguero de la novia?
Pues a mi lo del pajar y la barbacoa me parece cojonudo. Y lo del sobrecito en las bodas siempre me ha parecido de un al gusto extremo (como todo en las bodas tradcionales). Representa que los novios te invitan a comer para celebrar su enlace, no que haya que pagarlo.
Y una barbacoa no tiene por qué ser cutre. Pones ahí unas mesas largas con carpas, cochinillos, buffet libre de ensaladas, unos chuletones hermosos y unos cabritos a asar y barra libre de todo, con una orquesta tocando o alguien pinchando lo que le mola a los novios y seguro que cualquier invitado es feliz feliz. Invitación: se prohiben los sobrecitos con dinero, sólo queremos que vengáis y os divirtáis. ¡Anda que no!
Yo no me caso, pero si no tuviera más remedio (beneficios fiscales, hijos, etc.) sería civil y así.
Siendo serios, ésa es la boda a la que NOSOTROS nos gustaría que nos invitasen. Y también a nuestros amigos. Pero muy probablemente no la familia, aunque vaya usted a saber. Desde luego yo no tengo la suerte de haber asistido a ninguna así!
eso es lo que me revienta de las bodas, y nadie parece entenderlo: el pastel con la espada, los camareros trayendo los platos al son de una cutre música, la iglesia y su puto curso prematrimonial, el arroz, las alocuciones, el vals, la canción entre cutre y babosa para el pastel, ... las personas no se pueden casar como personas normales, sin gilipoyeces???
y si mucho me apuran, yo preferiría una casaca roja dieciochesca y que un padrino de larga melena rizada y chistera me diera un anillo que había olvidado y que su colega, de larga melena rubio de bote lleva puesto para no olvidárselo él mismo...
ah, y el "que se besen"... por dios... y las servilletas girando, en plan helicóptero, y...
Creo que José Rabadán, popularmente conocido como "El asesino de la katana" se encuentra en libertad vigilada. Creo que en aras de la reinserción social, este muchacho que cometió un error que ha pagado, debería ser el encargado de repartir la "tajada" de tarta entre los invitados al convite.