Prometí contar algo sobre la inauguración de la exposición a la que estaba invitada el otro día, y lo prometido es deuda.
Cuando llegué a buscar a mi amiga, la ayudante y protegida de este pintor, la encontré hecha un mar de dudas y de nervios. Una anagilasa con codeína no había hecho sino, curiosamente, acusar su nerviosismo. Hay días, creo que a todos nos ha pasado, en que te encuentras horrible. Ojeras, pelo que no queda como tú quieres, te ves gorda, no sabes que ponerte. Y por mucho que te digan lo guapísima que estás, tú te encuentras horrible. Le ayudo a secarse el pelo, por segunda vez. Le seco el pelo por la parte de atrás, las canas son rebeldes. Tengo diez años menos que ella, pero también me amenazan las canas, que religiosamente cubro con el tinte cada dos meses. Su gato, que todavía no pinta canas, nos mira desde la puerta de la habitación, con cara de no entender nada, seguramente desea que le cepille su pelo, negro como el de su dueña. Se arrima a mi buscando una caricia, he descubierto que la piel suave de las botas le vuelve loco, retoza sobre ellas, y yo le dejo, mientras sigo intentando arreglar el pelo de mi amiga. Dice que parece una cleopatra moderna, pero a mi me gusta mucho. Al fin y al cabo Cleopatra hizo tambalear imperios enteros. Es curioso lo parecidos que son el gato y su dueña. El mismo color de pelo, los mismos ojos. El mismo carácter inquieto. No es de extrañar que si le dejas, este felino se meta entre tus sábanas, se cubra con el embozo, saque una pata y te eche la otra por la espalda, como todo un compañero de piso que se precie.
Cuando la convenzo de que está perfecta, suena el teléfono. Un amigo suyo viaja a África, a Uganda, para hacer un reportaje. Estará dos meses fuera, "a menos que la guerra estalle", dice él. Me estremezco. Corremos hacia el autobús, llegamos a la exposición a una hora prudencial, ni demasiado pronto, ni demasiado tarde. Mi timidez se vuelve corpórea por momentos, me hago pequeña. En un lado de la sala, sirven vino blanco. Vamos a por una copa, un Enate blanco muy frío que resucita a un muerto.
Los cuadros son, simplemente, una maravilla. Para mi gusto, obviamente. Había visto el catálogo, pero su hermosura realmente explota cuando los contemplas frente a frente, en su dimensión original. Cuadros de gran formato, que reflejan paisajes cercanos.
El pintor no para de ser saludado por gente, algunos le hacen la pelota descaradamente. Supongo que él lo sabe, y que lo acepta. Quizás hasta le gusta que a uno le hinchen el ego de vez en cuando, sobre todo, cuando ya te has ganado la fama merecidamente. El espectáculo de rostros conocidos de la ciudad es asombroso. Allí un concejal de la CHA, allá un ex-justicia de Aragón, allá un productor y director de cine que, según me cuentan, se ha pasado por la piedra a todo el plantel de actrices del cine español, allá otros famosos pintores de la ciudad, y así un largo etc. Me llama la atención una mujer de pelo rubio, joven, con unas sandalias de Prada (se que son de Prada porque las vi hace escasos días en su escaparate y flipé con el precio), medias negras y bermudas, que parece llevar colgado el cartel de "mediocridad no, gracias". Mi amiga me explica que es la marchante del pintor. En realidad, está tan podrida de pasta que se dedica a ser marchante de arte por afición. Tres parejas más allá, veo al sobrino-nieto de Pío Baroja. Menos mal que Baroja yace tranquilo, supongo que la imagen de su sobrino-nieto no le gustaría lo más mínimo. Un tío de unos cuarenta años, con demasiada gomina en el pelo, pañuelo en el bolsillo de la americana, cabello prematuramente blanco, gesto desdeñoso y aire de niño rico y cansado de la vida. Hastiado de los placeres de la vida, diría yo. No me gusta como habla, ni la mirada con que desprecia a la gente que ha acudido en pantalones vaqueros. Y juro que no es envidia.
Estoy ensimismada observando al pariente del buen señor que me hizo disfrutar con "El árbol de la ciencia" cuando una señorita me pide paso. La observo admirada. Tiene un pelo largo, negro azabache, y una cara preciosa, un cuerpo en el que se fijan todos los hombres de la sala (seguro que el director-productor le propone hacerle un casting privado), y va vestida con un traje dorado y unas sandalias que seguro superan los 10 centímetros. Realmente, poca gente ha venido tan arreglada. Al día siguiente me entero de que la señorita es "profesional" y había venido acompañando a uno de los invitados. Supongo que debe tener un caché altísimo porque además de bella, la escuché hablar de pintura y parecía curtida en esas lides.
Mi amiga quiere salir a fumar, así que salimos a la calle, donde la noche nos saluda con sus dos grados centígrados. Es curiosa la cantidad de grupos que ahora se concentran en las puertas de los trabajos, fumando, como verdaderos exiliados. No logro acostumbrarme todavía a esta imagen. Aprovecho la pausa con humo para despedirme. Para mi, es suficiente. He tenido suficiente con una hora para sentirme fuera de lugar, y sobre todo, para decidir que cualquier momento es mejor para contemplar la obra de un pintor que te interesa. De hecho, supongo que casi nadie repara con profundidad en la obra de alguien en una inauguración. No. Allí se va a hacer relaciones sociales, a saludar a viejos conocidos, a decirle a fulanito lo guapo que está, a soltar las manidas fórmulas de "tenemos que quedar", a beber vino blanco y a pasear el modelo de turno y que las amistades vean que estás al día de la vida cultural. Ésto desde fuera, supongo que para la gente que se dedica al mundillo, es completamente distinto.
Y me quedo con una frases del artista, para terminar:
Pintar en la tercera -¿o en la cuarta?- revolución industrial, conviviendo con las nuevas tecnologías aplicadas a la imagen, con el desarrollo del cine y de la fotografía, es, cuando menos, un acto de afirmación individual. Volver a contar con medios atávicos lo de siempre, una y otra vez, me parece un acto legítimo, moderno y consecuente.

Siempre me ha hecho mucha gracia los comentarios de los artistas, al presentar su obra. Desde esa trascendencia que se creen que le otorga el arte (¿existe, acaso, un concepto más abstracto que el propio "arte"?), proyectan su obra como una "novedosa" afirmación personal.
Cualquier acto, cualquier pensamiento, es el yo proyectado. Cuando quieren ir tan allá, acaban diciendo lo mismo. Son las ansias del ego. Efectivamente.
Últimamente pienso mucho en esto del arte. ¿Qué queda recursos le quedan a la pintura, y al arte en general? Ironía y novedad. Entonces, o nos volvemos peces o solamente puede ser irónica. Ser consciente de ser un artista anacrónico no lo convierte a uno en moderno (como bien subrayó Motor en su momento sobre aquella frase de Marge Simspon) sino simplemente en consecuente. Otra cuestión es si lo convierte a uno en artista.
Me hubiese gustado estar en esa presentación, por mucho que no hubiera interactuado con nadie, siempre es más interesante que quedarse en casa mirando un libro de sobremesa. Bueno, quizás no siempre.
Exacto, D.
¿Por qué ningún pintor dice: "No me admiren, no me pongan en un altar, no me vistan de boina francesa o me imginen bohemio... Lo que yo hago es muy parecido a lo que hace un artesano, a lo que hace un carpintero o un cuchillero... Mi misión es vender para ganarme la vida"?
En fin, por eso no me gusta ese ambiente. Ni la gente que se autodenomina "artista" con orgullo. A la que veo un ego enorme salgo corriendo.
Pero pensad... y si un día os dedicaséis a escribir, y si llegáseis a ser conocidos aunque fuese en Barcelona, o en Bilbao? No serían esas fiestas de presentación de un libro algo semejante? ¿los egos de los escritores son menores, acaso no se creen artistas? ?no pularían por allí famosos, famosetes, apegados e interesados?
La escritura es arte?
Si lo que dices fuera cierto, deberías odiar el rock. Lo que hace maravilloso al arte y a la música es el ego. Y no se parece en nada a la labor de un artesano, o un carpintero (profesiones que desaparecen, por cierto), cuyas tareas son mil veces más ingratas.
Me ha gustado mucho. Felicidades.
Vaya disyuntivas!!!
Si fuera un escritor o músico famoso, sin duda alguna desearía que me adorasen y adulasen. El sentimiento de victoria y reconocimiento de las propias capacidades es algo tan humano y directamente proporcional a la voluntad de sepultar las derrotas e incapacidades.
De hecho también es un lujo ser embadurnado sin menester de victoria alguna o capacidad socialmente digna de ser encumbrada. Yo, de hecho, soy un famoso sin fama.
Efectivamente Thanatos, estoy contigo en que es inherente al ser humano el deseo de que se reconozcan sus capacidades. A un nivel básico, lo vivimos en pareja, cuando queremos que ésta nos diga que nos ama o que le complementamos. En el trabajo, cuando creemos que realizamos bien un trabajo y esperamos que se nos diga. El ser humano necesita de estímulos que le hagan seguir adelante.
Pero claro, la adulación por la adulación... lo veo muy peligroso, aunque estoy segura de que un artista sabe distinguir quien lo está haciendo de manera gratuita.
No creo que un pintor deba sentirse superior a un herrero, sólo por el hecho de que su obra sea una creación, sea arte. ¿qué es lo que hace el herrero? Y sin embargo, la culpa es de la sociedad, yo incluida, que pone en otro nivel seguramente inconsciente a artistas (me valen pintores, escritores, escultores o cineastas). Un pintor seguramente podrá, si le enseñas, llegar a herrar con habilidad, pero un herrero, ¿podrá llegar a pintar algo con la suficiente magia? Quizás ahí reside otra de las preguntas.
Seguramente, nunca podrá pintar con esa magia pero, ¿estás segura de que el pintor podrá forjar el hierro con la misma sensibilidad? Y no me refiero a hacer un tornillo (que no por ser un "útil" deja de tener su encanto)...
Me quedo con la primera de las acepciones del término arte:
"Virtud, disposición y habilidad para hacer algo"
Y añado (cosecha propia):
"Capacidad de emocionar a través de los sentidos"
Quizás, en definitiva, artista no es el que produce, si no el que interpreta.
Por supuesto que una de las cosas interesantes de practicar una actividad de tipo artístico/cultural/espectáculo es la adulación de los semejantes!!! Especialmente si te pilla joven y te puedes convertir en el enfant terrible de las letras, la música o las tablas, sólo con cualquier comentario irreverente que tu juventud te lleve a hacer (irrelevante en el resto de millones de jóvenes)... no sé cómo reaccioanría, soy un tipo bastante asocial, mi timidez me paraliza ante las personas que no conozco (y tiendo a ser muy borde con las que me caen mal, aunque sea por prejuicios), pero tengo un ego que no me cabe en el cuerpo, así que probablemente lo disfrutaría...
Felicidades por la entrada. Decididamente, semejante evento prometía.
No me parece mal que un artista busque adulación y en ello un cierto toque de autoafirmación. Debe ser muy reconfortante, y no me parece malo privar a un artista de dicha sensación.
Otro tema es que en situaciones de este perfil nos encontremos a personas con roles de adulación absolutamente chiscante y a artistas henchidos de sí mismos. Son eventualidades. Al menos lo veo así.
Después de todo, un artista se vende, en parte, a sí mismo, puesto que directa o indirectamente está reflejando en un medio determinado (música, libro, cuadro, etc) una idea o una emoción completamente personal. O al menos la mayoría de los artistas así lo hacen. Y siempre resulta bonito que te digan "oh, grandioso cerebro torturado que ha facturado semejante libro/disco/cuadro" o cualquier otra memez.
Saludos!
¿Por qué debo odiar el rock por odiar a la gente con egos enormes y henchidos de sí mismos?
Si acaso odiaré a las estrellas de rock o a algunas de ellas si llegara a conocerlas. No hablaba de los artistas, hablaba de las personas.
La culpa de mi visión prosaica y comparable a la artesanía del arte la tiene R., que podría considerarse artista pero no lo hace. Y al principio me negaba a admitirlo y le decía "pero el arte es algo más, es sensibilidad, es emoción..." Pero no siempre. Y no todo el arte. ¿No es hoy en día el arte otra indústria? ¿Es tan diferente, como decía D., la habilidad de un herrero a la de un escultor? Reflexionen sobre ello.
Me he expresado mal, como siempre. Dices que no te gusta el ambiente de las exhibiciones de pintura porque un pintor no es capaz de admitir que realiza un trabajo para sacarse las habichuelas. Eso mismo es aplicable al mundillo de la escritura o de la música, y concretamente el Rock. Lo que no implica que por ello debas denostar la música en sí, pero sí el enterno, ya que Básicamente la actitud de unos y otros es la misma. De acuerdo, mucho más engolados los pintores. Pero estaba extrapolando.
Y personalmente creo que existe una diferencia entre un herrero y un escultor, del mismo modo que la hay entre un pintor de brocha gorda y gotelé, un abogado que pinta bodegones en su casa en los ratos libres y Malevich. Está bien que existan artistas que se consideren a sí mismos artesanos, y en algunos casos puede que la línea que los separa sea difusa, pero creo que es intrínseco al arte el que el propio facturador sienta que se expresa de un modo diferente al de un ensamblador de pilas alcalinas, que se expresa a sí mismo y que es, por qué no, superior al resto.
Vuestras reflexiones son sumamente interesantes.
Permitidme dudar de que un artista pone como prioridad sacarse las habichuelas. Mi amiga podría ganarse bien el pan pintando según que cosas, o dando clases, pero pasa períodos ajustados porque realmente le gusta expresarse y sentirse a gusto con lo que pinta. Podría pintar ciervos que decorasen el sofá de una abuelita, pero no le da la gana. Quizás si un día se muere de hambre, sí. Y sufre por no poder dedicar más tiempo a pintar lo que realmente le apetece, que no es precisamente lo que más estabilidad económica le ofrece.
En cuanto a pintores ya consagrados, también lo dudo. Puestos a que te paguen por tu trabajo, pocas cosas debe haber tan gratificantes como el que además hagas algo placentero para el resto del mundo, avivando sus sentidos, o despertando emociones.
Seguramente siempre habrá artistas que estén el esto sólo por la pasta, ni más ni menos que en todas las profesiones, me arriesgo a decir que seguramente nosotros trabajamos más por las habichuelas que cualquier artista.
¡Hombre! Yo creo que dudar de la diferencia entre un escultor y un herrero sólo se puede hacer desde un reduccionismo tan chungo (que únicamente tiene en cuenta a dos tíos realizando operaciones sobre objetos y materiales) que es muy poco explicativo y cuya generalización conduce a tremendos absurdos. Otra cosa es que nos molesten las atribuciones características que se realizan sobre uno o sobre otro. Pero de la creencia en la igualdad, en una evanescente jerarquía de las ocupaciones humanas, entre el artesano y el artista no se puede acabar dudando de la distancia entre los tipos de acciones que llevan a cabo.
Prueben, y perdonen la insistencia, a aplicar una definición contextualista de "arte" y verán que poco de problemático hay en la discusión.
Y si algún día tengo que asistir a inauguraciones de exposiciones (¿Primera expo Tallada?) o a presentaciones de ese tipo (¿mi primera novela?) ire, pero no tiene por qué gustarme. Quizá sea una manifestación más de ego esto que digo...
¿Cuál es, Motor, la diferencia entre un artesano y un artista? ¿En que el segundo hace sillas de 2 patas, con formas estrambóticas, mientras el primero las hace de 4, todas rectas? Ésto es reduccionismo, lo sé, pero los artistas que yo conozco funcionan más o menos así.
Ahora, ya, todos somos artistas. Sólo hay que estar en el momento y lugar oportunos. Y si no, que se lo pregunten a Van Gogh, que no pudo llenarse de gloria en vida (¡si levantara la cabeza!)
Pero con ésto no quiero decir que niegue el virtuosismo de algunos, que lo tienen (es innegable), sino que todo se ha vuelto más difuso y ahora parece, más bien, que es un reflejo de las modas que de las capacidades. La gracia parece que reside en ser lo más raro y provocador posible.
Quizás tendríamos que plantearnos si el arte es un concepto de uno mismo o si te conviertes en artista cuando el mundo lo reconoce.
En el objeto,efectivamente, no se diferencian. Pero sí en cuanto a motivación, medios, objetivos,ideología y recepción. También podrían distinguirse, aunque sería más conflictivo en casos límites, por cuanto que uno, el artesano, lleva a cabo sus acciones dentro de un horizonte de utilidad (que incluye, sí, determinaciones "estéticas" como, por ejemplo, la ornamentación) y que otro, el artista, las realiza en un horizonte estético (que también puede estar compuesto de toda suerte de concrecciones instrumentales). No creo que merezca la pena buscar problemas cuando no los hay. A menos que la complicación voluntaria responda a un propósito.
Por otro lado, que alguien sea considerado artista y arte sus obras no tiene nada que ver con su pericia técnica ni con la calidad de sus realizaciones. Hay músicos buenos y músicos malos. También los hay virtuosos y otros realmente limitados. Los hay comerciales y los hay esotéricos... Pero todos músicos. La delimitación de un orden de acciones no implica los juicios de valor que se realicen sobre ella. Y viceversa.
Sólo quería puntaulizar un aspecto. No creo que pueda compararse la respuesta ante un pintor, escultor y un músico de rock, al menos a priori.
Tampoco incidiré sobre que el rock es arte pop, con las ventajas y desventajas que ello conlleva ya que existe también la literatura pop (¿Auster?) además de la evidente pintura. Me refiero principalmente al hecho de que el rock, desde los tiempos de Elvis, por tanto siempre, ha basado su prouesta en la imagen. Esta imagen del artista deduce directamente una respuesta de adulación o reconocimiento que supera y a veces contradice la propia contribución musical. Con el paso de los años, a poder ser posible décadas, ello se va diluyendo en cierta medida pero jamás acaba de desaparecer. Los más atrevidos y, en mi opinión algo presuntuosos, lo llaman actitud. Actitud, una palabra que normalmente no es más que un eufemismo para evacuar el término image. Desde los Betales (algo tendrá que decir Mary Quant) pasando por los Sex Pistols (pregúntenle a Vivianne Westwood) hasta llegar a los sangrantes Milli Vanilli.
Completamente de acuerdo, Thanatos. Pero no era más que un ejemplo para distinguir ente el criterio estético(el que delimita cuándo hay arte y cuándo no) y el crítico o valorativo (el que se encarga de jerarquizar la calidad de las obras). Donde dice músico sustituyase por charcutero, futbolista o proxeneta. Y entonces habrá charcuteros buenos y malos, futbolistas buenos (los del Zaragoza) y malos y proxenetas buenos y malos.
No, te equivocas: los proxenetas siempre son malos. Muy malos.
No es comparable, pero hasta cierto punto. Si hablamos de arte moderno, o pintura moderna, y que es la que nos ha obligado a una definición contextualista del arte, la figura del pintor debe formar parte de su obra. Su imagen, su actitud, está ligada a su obra, cuando no lo está de una manera directa ofísica incluso. Todo ésto, evidentemente, en menor medida que en el mundo del rock, pero es que me gusta buscar semejanzas.
¿Me has llamado reduccionista, y encima chunga?
¡Eso no me lo dices a la cara, neng!
En fin, ya me explicaré cara a cara (a ver si tienes cataplines de decirme esas cosas) que ayer tenía resaca y creo que no Me Se ha entendido.
Joer, 22 comentarios...
Sin duda no hay mejor sensacion como mostrar lo que uno a echo con tantas ganas y que es lo que a uno le gusta.
tee spero en mi blog.