K. me dijo una vez, que desde el momento en que hacía público lo que escribía, en este blog, tenía que estar dispuesta a sufrir críticas, algunas cargadas de razón. Últimamente he notado un aumento de usuarios que dejan su opinión. Algunos amables, animando a seguir, otros, no tan agradables. Por supuesto, los acepto todos.
Dos me han llamado la atención: uno en la entrada que colgué sobre la relación entre la belleza y el dolor. Por lo visto a alguien le he parecido una niña de papá, y con alusiones a otros lectores les ha colgado la misma etiqueta. No soy una niña de papá que no ha sufrido, creo que nadie sobrepasando los 25 está exento de haber sufrido alguna vez en la vida. Hay muchos tipos de sufrimiento: el sufrimiento de tener dos pasadores en el pelo, unas gafas enormes, un aparato dental que hace que camines encogida. Está el sufrimiento de sentirte un ser invisible. Está el sufrimiento de no saber que camino tomar, de estar perdido, de sentir que todo lo que haces es nadar contracorriente, y que la resaca cada vez es más fuerte. Está el sufrimiento de haber herido a alguien por no poder amarlo como desea, o de haber dejado de amarlo. Está el sufrimiento, infinitamente más egoista, de no ser amado como uno cree merecer. Está el sufrimiento de ser amado como uno cree merecer y dejar de ser amado de un día para otro. Está el sufrimiento de la familia en la distancia, de sentirse un ser al que le falta un brazo o una pierna emocional.
Sigo encontrando belleza en ese dolor, por el mero hecho de que el dolor es capaz de hacerte más fuerte, más sabio. En ser capaz de levantarse, y de reinventarse. Hay belleza porque hay emoción, igual que hay belleza en la felicidad. ¿Acaso no hay belleza en el canto al dolor que supone la travesía de Dolls de Kitano? ¿No hay belleza en la desesperanza con que canta Antony? ¿no hay dolor en la belleza de una obra de arte que te hiere a la vuelta de la esquina en un museo?

Puestos a frivolizar, frivolicemos con algo serio.

La otra tarde, mientras volvía a esperar a K. en la misma cafetería que una semana antes, se me ocurrió pensar en una estupidez. Reparé en que a mi alrededor, dos personas, más yo misma, leían. Y lo hacían muy lentamente. Por un momento, me sentí extraña. Desde pequeña leo con rapidez, quizás porque adquirí ese hábito desde los 3 años, cuando comencé a aprender en la guardería. A menudo observo que la gente lee despacio, y eso me hizo pensar en que quizás era yo la que pasaba por las palabras rozándolas, sin extraer lo que de verdad intentan decir. Volví a leer la página de nuevo, esta vez más lentamente. Nada nuevo, nada que se revelase en esa nueva lectura. Ningún truco.

Por la noche estuvimos viendo vídeos en la televisión, con mis padres dos paredes más allá, con manos atadas y mucho sueño. Veo paranoid android con más sueño del que este vídeo se merece. Algún día extraeré una lectura más profunda de los vídeos de este grupo, se que hay algo que se me resiste, aparte de la evidente desesperanza y descreimiento que salpica la pantalla y de paso, el corazón. Me gustaría sin duda, escribir un guión para uno de los vídeos de Radiohead.

El sábado por la mañana iniciamos un viaje panorámico a través de la línea 20 de autobuses urbanos. Nuestro destino es una tienda que alimenta sueños y vacía bolsillos. Desistimos de comprar el chaise-longue, y no se si es porque realmente es muy grande, o porque por un momento mi conciencia se divide en dos, la pequeña progre con miedo a ser confundida con una víctima de lo burgués y la pequeña burguesa que se muere por los objetos de diseño. Supongo que es por pensar que no puede ser compatible, y porque las palabras de Thanatos resuenan en mi cabeza "Gafapasta". Nos lanzamos de cabeza y acabamos comprando casi todo el salón. Se me cae la baba ante unas sillas de Philippe Starck que cuestan casi lo que gano en un mes. K. está horrorizado, ante la posible combinación de una mesa nogal de líneas simples con unas sillas de plástico y estructura metálica. Yo sonrío, el vendedor sonrie, quizás ve ceros ante sus ojos. No se como por un momento ha podido pensar que tenemos posibles para comprar esas sillas. Nos dice que Starck está sobrevalorado, y para ilustrarlo, nos cuenta que hace poco ha lanzado una edición limitada de su lámpara kalashnikov, con base en forma de lo que su nombre indica. En color dorado.

Nos miramos estupefactos. Aún así, adoro casi todo lo que ese hombre toca, y lo que hace por ejemplo, para la marca Kartell, excepto cosas verdaderamente petardas propias de una película de Almodovar.

Por la noche repetimos chino. Nunca me canso de los chinos, aunque yo esta vez había optado con ir con unos amigos a un restaurante de tapeo que queda cerca en el barrio donde vivo. Una larga mesa ocupa todo el restaurante, me aventuro a pensar que son unas bodas de plata, o un cumpleaños familiar. Así que alguien dice chino y otros inmediatamente dicen ¡vale!
K. y yo comemos dos platos ligeros, pero mis amigos atacan un menú de dos personas que se comen completamente, y pican de los nuestros. ella está embarazada, así que tiene excusa, aunque supongo que al niño quizás no le siente bien tanta ración de glutamato en vena. Mi amigo nos cuenta las experiencias de la CAF en Irlanda, y como las vacas explotan completamente cuando son atropelladas por un convoy, mientras que las personas quedan hechas bolitas de carne y ropa.

El miércoles estoy invitada a la inauguración de la exposición de un artista zaragozano, pintor y mecenas de una amiga. Siento curiosidad por ver como se comportan los artistas entre artistas, como si perteneciesen a una raza distinta. Si hay gente verdaderamente bohemia, si también se tiran sobre los canapés como si hubiésen ayunado una semana entera. Si conocen a ese señor llamado Dubuffet. Si saben que el cantante de The Cult ha perdido su grandiosa melena... perdón, esto ha sido una interferencia.