Hoy se ha desatado un cierzo frío, cortante, de aquellos que hacen imperiosas las gafas de sol para no parecer un topo boqueando en busca de la salida. Es curioso como a veces la mañana amanece en calma, con un frío suave que apenas logra tocarte, y en cuestión de horas el viento hace que vayas encogida, mirándote la punta de los zapatos.
Por las mañanas recorro los 10 minutos de trayecto que tengo desde el lugar donde mi padre me deja para ir a trabajar hasta la puerta de entrada a mi edificio. Disfruto de esos solitarios diez minutos, a las ocho menos cuarto de la mañana, cuando profesores, alumnos, y la gran mayoría del personal de servicios no ha llegado todavía. Esos cientos de metros pueden convertirse entonces en la estepa rusa, un desierto, una pista sobre la que entrenarme en los 800 metros o incluso en una carrera de fondo, o el lugar donde hacer una pausa y fumarme un cigarrillo o un porro, si fumase, claro. Normalmente sólo respiro profundamente el frío, y pienso en cualquier estupidez. A veces me siento en uno de los bancos de piedra (de diseño eh?, que estamos en un campus de ingenieros), y me quedo allí hasta las ocho, disfrutando del frío. Veo pasar a algún madrugador, encogido, con cara de mala hostia, sueño, frío, igual no ha desayunado, o no ha follado la noche pasada, o no ha acertado ninguna a la primitiva, vete a saber. Y yo disfrutando del frío, con mi bufanda tapando la boca, y mi gorro, mostrando apenas unos ojos demasiado pequeños para mi gusto. Puñeteras herencias.
Justo cuando alguien había encendido los ventiladores, como dice C., he tenido que salir al médico a conocer los resultados de esa resonancia que me hicieron el mes pasado. El otorrino dice que todo ha salido negativo. Me voy al bar de enfrente y me tomo un café, estoy tan contenta. De esta dejo de ser hipocondríaca. Estoy tentada hasta de tomarme unos churros, pero se han acabado. Yo con mi buen humor, cojo el bus de vuelta al trabajo y me siento al lado de dos chicos que seguramente, por sus carpetas y mochilas van al mismo campus que yo. Casi llegando, uno habla de un partido que jugó el sábado contra un equipo de gente "vieja". Luego lo aclara, tenían casi 30 años, fíjate! No ven mi cara de estupefacción, casi mejor. Empiezo a ser consciente de que realmente habrá quien piensa que ya soy mayor. Y no pienso arreglarlo comprandome una mochila para ir a trabajar.
Tengo que comer en el trabajo, así que me compro un bocadillo de jamón que no es denominación de origen, y me como una barrita de cereales de una marca que no patrocina Fernando Alonso, y me tomo otro café. Salgo pitando hacia mi futura casa. Tienen que pasar a tomar medidas. Luego otra vez a la central donde llevan las hipotecas, con Sergio, que hoy tampoco lleva corbata y además le ha salido un grano enorme en la nariz, de manera que es imposible no fijarse en él, aunque yo lo intento. Vuelvo y me meto en el gimnasio, una maratón de aerobic-gap-spinning-abdominales que me deja para el arrastre. Que alguien me eche a la lavadora junto con la ropa sucia. Por cierto que hoy ha venido una chiquita nueva a spinning. Unos 17 años, tetas grandes, duras, sin tecnología wonderbrá ni nada por el estilo, culo duro, sin arrugas, sin acné juvenil. Una diosa sin acné juvenil, maldita sea. Creo que ha podido sentir la admiración de la parte masculina de la clase y la envidia y la nostalgia de tiempos mejores de la parte femenina. Eso sí, todo augura a que va a ser una blandengue. Esa forma de darle a los pedales, esa preocupación para que no se le moviera la cinta del pelo... en cuanto hagamos una competición por equipos la dejo a la altura del barro, aunque ella siga sin acné y con unas tetas duras como piedras y yo me tenga que tragar mi celulitis y me tenga que poner el contorno de ojos. Pero le gano.
Ya soy una mujer desestresada. Me he puesto a ordenar fotos y entre ellas he encontrado las que me pasó mi tío hace unos meses. Hace meses que no veo a mis primas, espero verlas por navidad, cuando todos andemos menos estresados. Miro la foto y siento una terrible nostalgia por los tiempos en que todo era cual parecía, todo tan sencillo, todos tan felices...
No me resisto a poner una foto que me gusta particularmente, será porque quiero pensar que queda algo de lo que éramos entonces en nosotras...
Adivinen quien soy yo...
La parte masculina de la clase no sentía admiración, te lo digo yo. Como mucho sentían que necesitaban una ducha fría o bien no habían elegido un buen día para ponerse mallas ajustadas.
Vanessa e Isabel quieren convencerme de que vaya como invitado a una clase de spinning, de esas en las que imparte clase el novio de la segunda, ex compañero de clase, para ver si me gusta. Yo prefiero correr. Ellas dicen que corriendo no se conocen chicas. Yo les agradezco semejantes comentarios para volverme a ahacer sentir como si tuviera 15 años.
Gran foto.
Muy monas las gafas. Y preciosa sonrisa, la de la niña del centro.
¿Ves como no era nada?
Me alegro, guapa.
Cuanto más grandes tengan las tetas más rápido les entran en contacto con la cintura...
Triste consuelo el de una viejas trentañeras...
Yo también prefiero correr, pero el spinning puede ser muy divertido, y muy competitivo con uno mismo. Has de esforzarte cada día. Y las clases, y en eso tienen razón tus amigas, están llenas de niñas monas de 17 años con las tetas duras y sin acné juvenil. O de mujeres de 25 para arriba, con las tetas algo más caídas pero con mucho más en común, quiero pensar.
Menos mal que no era nada! Esas gafas enormes acabaron rotas en un partido de balón prisionero, que pena. Se parecen a las de Betty La Fea.
Si la mayor parte de las cosas que escribes son producto de tus vivencias, eres la del medio.
Si la mayor parte de las cosas que escribes son producto de tu imaginación, eres la de la izquierda.
Si a veces escribes cosas que en realidad sucedieron y en otras ocasiones, cosas que han sido producto de tu imaginación, eres la de la derecha.
De todas formas, teniendo en cuenta la forma de escribir que tienes, directa y con cierto afán de protagonismo, refiriéndome aquí, a que siempre eres la protagonista de tus relatos, y porque afirmas que la foto es una de las que particularmente más te gustan, me inclino por la niña del medio...
La verdad que la foto es partiente, menudo gnomo risueño el que aparece en el centro...
Aunque la de la izquiera también tiene cara de escritora.
Bye.