Días de sol y noches polares
Esta mañana, aprovechando mis últimos días de vacaciones antes de volver a la dura realidad del lunes, he acompañado a mi amiga la pintora a entregar unos cuadros, en Cintruénigo, un pueblo de Navarra. Este pueblo de impronunciable nombre, está podrido de dinero. Cuando digo podrido, es podrido. El negocio del vino y el del alabastro, hacen que se le salga el dinero por las orejas.
El viaje, de una hora de ida y otra de vuelta de duración me ha servido para establecer varias premisas:
- ¿Cómo soportábamos antes viajar en coche sin aire acondicionado? Cuando he bajado del auto mi camiseta estaba pegada al cuerpo como una piel de serpiente.
- ¿Porqué las autopistas, y en especial la vasco aragonesa, o A-68, son tan descaradamente caras?
- Viajar en coche a 140 con un ruido ensordecedor del motor mientras hablas de lo divino y lo humano me sigue pareciendo apasionante.
- Los gasolineros están en los dos extremos: o chicos jovenzuelos de buen ver, o señores a punto de jubilarse. ¿abducen a los de mediana edad?
Tonterías que piensa uno mientras el calor abrasador te derrite el cerebro y el ruido de un sierra de más de 15 años te taladra los restos derretidos.
Como pintora, y pintora de encargo, a esta muchacha le encargan cosas que a veces son apasionantes, y otras, simplemente ridículas, pero que le dan de comer. No pude evitar una carcajada cuando me contó que un nuevo bar de tapeo de Zaragoza le había encargado que pintase unas anillas de calamar para su restaurante, a modo de mural. ¿Qué haces ante unas anillas de calamar? ¿intentas ver el lado artístico del rebozado? ¿los pintas a la romana o a la malagueña? ¿te consuelas pensando que quizá pintores famosos tuvieron que pintar anillas de calamar para sobrevivir? Supongo que pintar calamares para un pintor que detesta hasta los bodegones será paralelo a que un cantante de rock tenga que escribir "jingles" para anuncios de compresas que le den de comer, o que un escritor que aspira a escribir como Nabokov tenga que concentrar sus esfuerzos en pensar eslogans para las rebajas del Eroski.

Compensando la frivolidad de las anillas de calamar, la sobremesa me ha traido dos imágines impactantes. Una, la de la famosa fotografía de Larry Burrows. Una de las fotografías mas célebres de la guerra de Vietnam.
Sin duda, impactante pero no tanto como el saber que en Siberia, los niños de guardería han de someterse a tratamientos de luz ultravioleta para completar su crecimiento natural debido a la falta de sol en los meses de noche polar. Ver a esos niñitos en paños menores, protegidos con gafas, alrededor de un tubo de luz, a modo de secta, sobrecoge a cualquiera con algo de sangre en las venas. ¿tendrán que ir a menudo, como el enfermo de riñón que tiene que someterse a diálisis? ¿si reciben una dosis excesiva corren el riesgo de convertirse en futuros candidatos para el equipo local de baloncesto de su ciudad? ¿se juega al baloncesto en Siberia?
Preguntas tan estúpidas como la edad de los señores que expenden gasolina en las áreas de servicio. ¿Cómo serán las áreas de servicio en Siberia?

Creo que quedé traumatizada desde que una profesora de geografía nos contó que en las zonas más frías de Siberia la gente no podía llevar lentillas, porque al quitarlas tendrías un desprendimiento de retinas, por congelación y arrastre de la retina, ni tampoco guantes, sino manoplas, porque al quitarte un guante corrías el riesgo de arrancarte los dedos. ¿Qué clase de profesora aterra a la gente con estas cruentas historias? Creo que más de un alumno le deseó que quedase ciega y manca.
Pensar en frío y en noches polares siempre me hace pensar en Ana y Otto, y en una cabaña en Finlandia. Quiero tener una cabaña en Finlandia, y quiero que el azar forme parte de mi vida.

Mephistofeles dijo
La imagen de los niños en pañales sometidos a la luz ultravioleta me ha traido a la memoria una instantánea capturada en Auschwitz y que recogía esa experimentación realizada por el ángel de la muerte, Mengele, sobre sus pequeños inquilinos del campo de concentración. Naturalmente la protección ocular era unicamente para las enfermeras, por llamarlas de algún modo, arias. Tampoco serían necesarias ya que muchos de aquellos diminutos globos oculares terminarían clavados con un alfiler en el muestrario que decoraba el despacho del doctor, como si de una colección de mariposas exóticas se tratase.
Dalí descubrió el enorme potencial económico del arte ligado a la publicidad, de hecho fue el genio mercenario más cercano que hemos tenido. Bien sabía de su rentabilidad y supongo que tampoco le hubiese molestado pintar unos chocos o papas bravas de mediar el buen fajo que le acostumbraban a regalr los magnates neoyorkinos.
18 Agosto 2005 | 10:00 PM