urbanidad y urbanismo
Zaragoza está sufriendo una gran expansión inmobiliaria. A barrios añejos como el Casco, sin duda la parte de la ciudad con más savoir y la más canalla, se unen barrios nuevos que recuerdan a ciudades residenciales dignas de cualquier ciudad cosmopolita, algo que Zaragoza no es y que experimenta el que llega por primera vez y se encuentra con esa miserable estación de autobuses que es Ágreda, nombre aguerrido de pueblo soriano, de frio cortante y nobleza como el carácter de sus gentes. Esa estación se ha convertido ya en algo simbólico, en algo que está ahí desde siempre. Un sucio garaje donde los autobuses apenas tienen sitio para aparcar y los viajeros rezan antes de entrar para no morir atrapado entre los Alsa, los Oscense, por no morir de congelación en invierno y de deshidratación en verano. Un garaje que no cumple la legislación unido a un cuchitril donde a partir de las 11 de la noche cuelga el "por la otra puerta". La cochera, vamos. Unas taquillas vacias, unos asientos que conocieron tiempos mejores, de esos que resultan insolentes con su plástico naranja, un suelo de linóleo de los que hacen historia. Eso, eso es la estación de la quinta ciudad más grande de España.
La nueva estación tarda en llegar, estará anexionada a la de ferrocarriles. Ahí si que despunta el diseño. Ahí, y en esos barrios con nombres de calle como "lo que el viento se llevó", "sin perdón", o "todo sobre mi madre". Debe ser una gozada vivir en la calle Hanabi: las flores de fuego. Una carta destinada a esa dirección tendría que ser algo muy especial. Ese es el proyecto del nuevo barrio de Valdespartera, calles de cinematográficos nombres.
Caminar por el barrio de Valdefierro es hacerlo entre las estrellas y las constelaciones. Vía Láctea, Escorpio, Venus.
Me gusta observar si en las ciudades si hay barrios enteros guiados por una temática, por un concepto especial. Zaragoza está llena de ellos. Así que perdonemos a Ágreda.

Motor, gente de Alsa dijo
Los usuarios habituales de las líneas de Alsa somos los beatniks de nuestra era, los vagabundos de Darhma peninsulares, los nómadas de la post-transición, los easy riders del siglo XXI y los "dos en la carretera" montados en un bus. El día que quiten la estación de Agreda donde, a veces, espera una chica bonita y puedes cruzar la calle para ir al Azul y tomarte con ella la primera cerveza en Home sweet home, me pasaré al AVE aunque me vaya la cartera en el cambio. Es un sitio infecto pero que forma parte de la vida de muchísima gente que cada fin de semana, armada de discmans, libros,comics y paciencia, se tiene que meter en un bus para volver al pueblo. Ok, está sucia, pero su media penumbra donde las parejas casi pierden el autobús por besarse hasta el último segundo, es el lugar en el que uno se da cuenta que ha llegado a casa. Muerte a la Intermodal! Viva Agreda!
29 Julio 2005 | 09:10 PM