Nuevas reglas para viajar por el tiempo
De todos los sueños que no he cumplido, hay uno que me duele especialmente y que veo cada vez más lejano. Hacer el interrail por Europa, o como me gustaba llamarlo La gran cruzada europea
Tuve la oportunidad hace 8 años exactamente, el año que acabé la diplomatura en Zaragoza y como auto regalo de despedida antes de irme a Madrid para cursar la licenciatura. Por desgracia, la idea no siguió adelante, pero el sentimiento de necesidad se había agarrado a mi como un exiliado se agarra a los recuerdos que le hacen conservan su identidad.
Siempre tengo la impresión de que en cada viaje se produce una huida y un reencuentro. Viajar es moverse, y como tal, dejar de estar en el mismo punto de partida. Todos necesitamos movernos, y eso se traslada a cualquier ámbito de la existencia. Cuando voy a emprender un viaje, me cuesta conciliar el sueño la noche anterior. Y es que un viaje promete mucho más de lo meramente visible a primera vista. Porque estoy firmamente convencida de que nos mueve un resorte interior que espera fehacientemente que esa nueva realidad, esas coordenadas espacio tiempo nos aporten mucho más que un carrete fotográfico que señale donde estuvimos, o que unos recuerdos de lo que vimos o vivimos. Realmente pienso que esperamos que ese viaje cambie nuestra vida, en uno u otro sentido.
Al final he acabado visitando una gran parte de Europa, pero la forma discontinua de hacerlo, siempre me ha llevado a pensar que me ha hecho perder perspectiva. No es lo mismo estar en París a los 17 años y en Berlín a los 21 que estar viajando continuamente todo un verano y contemplar europa de una manera global.
Si tuviera el valor suficiente, emprendería sola un largo viaje. Un viaje para viajar sin tiempo, sin rumbo, sin presión. Un viaje para aprender. Con esa soledad no queda otra opción: o te reencuentras o te dices adiós para siempre. Tanto tiempo a solas y tanto silencio no dejan lugar a esconderse. Aprendes a mirar de otra forma, a escuchar de otra forma. demasiado tiempo para meditar, demasiado tiempo para no escuchar lo que habitualmente consideras inaudibles susurros de tu consciencia. Los susurros se vuelven gritos, y los gritos son difíciles de soportar.
Mucha gente toma la decisión de viajar, de alejarse, cuando las cosas no pueden ir a peor. Un sitio nuevo donde empezar, donde no cuenta todo el bagaje emocional y material que llevas arrastrando y que te lastra como una piedra alrededor de tu cuello. Nadie te conoce, así que puedes reinventarte. Y nada más sugerente e increible que el hecho de tener esa oportunidad, la de tener una segunda vida para vivirla de manera completamente distinta, sin guardar todas esas convenciones que te imponían los lazos que mantenías.
Viajar y alojarte en lugares tan especiales como el que existe en Copenhague, El hotel FOX.

61 habitaciones decoradas por 40 artistas diferentes, con espectaculares diseños relacionados con el mundo del cómic, la naturaleza, el motor, criaturas encantadas, monstruos, reyes o geishas. Imagino que un lugar así tiene que resultar un refugio muy estimulante para ese largo monólogo consigo mismo que uno emprendería.
En Hamburgo, erigido sobre una antigua planta eléctrica, duerme el Hotel Gastwerk.
Estoy enamorada de su aspecto industrial y sorprendida por la luminosidad que te regala su web, acompañada de una de esas canciones limpias, bonitas y simples. Canción que he escuchado anteriormente y que me deja un regustillo a grupos como Air, una canción que encajaría perfectamente en la banda sonora de Lost in Translation. Me encantan las páginas web que guardan música en su interior, como una de esas cajas sorpresa que a mi nunca me regalaron. Y es que tengo la idiota costumbre de pensar que cualquier cosa que se inicia con una sorpresa agradable nunca podría salir mal.

Kilgore dijo
En mi experiencia, viajar me ha servido precisamente para esto, reinventar-me, mejor dicho, para enterrar ciertos aspectos de mi y encontrar a un kilgorín que se había perdido en el tiempo (o que me he inventado nuevo, no estoy seguro del todo). La decisión mas importante de mi vida, por el momento, la tomé vagando sólo por Bélgica. Era la primera vez que viajaba sólo, que no fuera por trabajo, esos pocos días dieron muchísimo de si y creo que aún estoy recogiendo los frutos de lo que sembré en mi cabeza en ese viaje mientras mezclaba cervezas de alta graduación con tiendas de bandes dessinées.
25 Julio 2005 | 09:46 AM