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La Coctelera

Las cosas que nunca mueren

Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Cine, libros, música, neurosis y confusiones mentales

24 Julio 2005

Nuevas reglas para viajar por el tiempo

De todos los sueños que no he cumplido, hay uno que me duele especialmente y que veo cada vez más lejano. Hacer el interrail por Europa, o como me gustaba llamarlo La gran cruzada europea

Tuve la oportunidad hace 8 años exactamente, el año que acabé la diplomatura en Zaragoza y como auto regalo de despedida antes de irme a Madrid para cursar la licenciatura. Por desgracia, la idea no siguió adelante, pero el sentimiento de necesidad se había agarrado a mi como un exiliado se agarra a los recuerdos que le hacen conservan su identidad.

Siempre tengo la impresión de que en cada viaje se produce una huida y un reencuentro. Viajar es moverse, y como tal, dejar de estar en el mismo punto de partida. Todos necesitamos movernos, y eso se traslada a cualquier ámbito de la existencia. Cuando voy a emprender un viaje, me cuesta conciliar el sueño la noche anterior. Y es que un viaje promete mucho más de lo meramente visible a primera vista. Porque estoy firmamente convencida de que nos mueve un resorte interior que espera fehacientemente que esa nueva realidad, esas coordenadas espacio tiempo nos aporten mucho más que un carrete fotográfico que señale donde estuvimos, o que unos recuerdos de lo que vimos o vivimos. Realmente pienso que esperamos que ese viaje cambie nuestra vida, en uno u otro sentido.

Al final he acabado visitando una gran parte de Europa, pero la forma discontinua de hacerlo, siempre me ha llevado a pensar que me ha hecho perder perspectiva. No es lo mismo estar en París a los 17 años y en Berlín a los 21 que estar viajando continuamente todo un verano y contemplar europa de una manera global.

Si tuviera el valor suficiente, emprendería sola un largo viaje. Un viaje para viajar sin tiempo, sin rumbo, sin presión. Un viaje para aprender. Con esa soledad no queda otra opción: o te reencuentras o te dices adiós para siempre. Tanto tiempo a solas y tanto silencio no dejan lugar a esconderse. Aprendes a mirar de otra forma, a escuchar de otra forma. demasiado tiempo para meditar, demasiado tiempo para no escuchar lo que habitualmente consideras inaudibles susurros de tu consciencia. Los susurros se vuelven gritos, y los gritos son difíciles de soportar.

Mucha gente toma la decisión de viajar, de alejarse, cuando las cosas no pueden ir a peor. Un sitio nuevo donde empezar, donde no cuenta todo el bagaje emocional y material que llevas arrastrando y que te lastra como una piedra alrededor de tu cuello. Nadie te conoce, así que puedes reinventarte. Y nada más sugerente e increible que el hecho de tener esa oportunidad, la de tener una segunda vida para vivirla de manera completamente distinta, sin guardar todas esas convenciones que te imponían los lazos que mantenías.

Viajar y alojarte en lugares tan especiales como el que existe en Copenhague, El hotel FOX.

61 habitaciones decoradas por 40 artistas diferentes, con espectaculares diseños relacionados con el mundo del cómic, la naturaleza, el motor, criaturas encantadas, monstruos, reyes o geishas. Imagino que un lugar así tiene que resultar un refugio muy estimulante para ese largo monólogo consigo mismo que uno emprendería.
En Hamburgo, erigido sobre una antigua planta eléctrica, duerme el
Hotel Gastwerk.
Estoy enamorada de su aspecto industrial y sorprendida por la luminosidad que te regala su web, acompañada de una de esas canciones limpias, bonitas y simples. Canción que he escuchado anteriormente y que me deja un regustillo a grupos como Air, una canción que encajaría perfectamente en la banda sonora de Lost in Translation. Me encantan las páginas web que guardan música en su interior, como una de esas cajas sorpresa que a mi nunca me regalaron. Y es que tengo la idiota costumbre de pensar que cualquier cosa que se inicia con una sorpresa agradable nunca podría salir mal.

servido por blackstar 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Kilgore

Kilgore dijo

En mi experiencia, viajar me ha servido precisamente para esto, reinventar-me, mejor dicho, para enterrar ciertos aspectos de mi y encontrar a un kilgorín que se había perdido en el tiempo (o que me he inventado nuevo, no estoy seguro del todo). La decisión mas importante de mi vida, por el momento, la tomé vagando sólo por Bélgica. Era la primera vez que viajaba sólo, que no fuera por trabajo, esos pocos días dieron muchísimo de si y creo que aún estoy recogiendo los frutos de lo que sembré en mi cabeza en ese viaje mientras mezclaba cervezas de alta graduación con tiendas de bandes dessinées.

25 Julio 2005 | 09:46 AM

Blackstar

Blackstar dijo

¿y te llegaste a sentir solo? ¿fue mucho tiempo?

A mi me apetece mucho la idea, la verdad. Pero hay paises que me apetece mucho visitar pero descarto por el hecho de si sería peligroso o incomodo para una mujer sola.

Por cierto, ¡enhorabuena por el curro!!!

25 Julio 2005 | 12:57 PM

Kilgore

Kilgore dijo

Gracias!

Pues fueron apenas 4 días aprovechando que fui a un curso en Amsterdam, en lugar de volver a Barcelona directamente me escapé a Bélgica. Me sentí solo claro, pero de hechi buscaba estar solo, con lo que me pareció perfecta la sensación. Tampoco me he atrevido nunca a hacer un viaje prolongado solo, y lo he pensado mas de una vez.

25 Julio 2005 | 03:54 PM

Nuala

Nuala dijo

Yo sueño con ser capaz de hacer algo así. Quizá lo necesito. Quizá encontraría respuestas o me encontraría a mí misma. O quizá no, y me sentiría sola, y por fin me alegraría de ser quien soy. Pero no tengo valor.

Leyendo diarios de cuando tenía 13 años me he dado cuenta de que ya entonces creía hacerlo todo mal... ¿Un viaje puede ayudar a hacerte sentir mejor en tu propio pellejo?

27 Julio 2005 | 10:19 PM

Blackstar

Blackstar dijo

Me gusta esa esa idea esperanzadora que expresas de o por fin alegrarse de ser quien se es.

A lo mejor no te hace sentir mejor pero seguro que ayuda a conocerte mejor, aunque lo que encuentres no siempre sea bueno.

27 Julio 2005 | 10:22 PM

Nuala

Nuala dijo

Pero esa es la idea: encontrarte aunque no te guste lo que encuentras. Y admitirlo, admitir lo que eres. Y encontrar las fuerzas para cambiarlo.

A mí me aterrorizaban los cambios, el miedo a lo desconocido, supongo. Estoy empezando a apreciarlos.

Es esperanzador, sí.

27 Julio 2005 | 11:54 PM

no entendi nada

no entendi nada dijo

me gustaria hacer algun comentari pero con mi coeficiente intelectual de 15 no tengo la capacidad suficiente para razonar tus reglas yo solo lo que busco es la pelicula de viajar en el tiempo.

27 Diciembre 2005 | 07:48 AM

Nicks

Nicks dijo

Yo también he sentido esos deseos de alejarme y comenzar de nuevo en algún otro lugar. Probablemente, mis deseos de romper con todo sean muy grandes, ya que siempre me he imaginado en los lugares más alejados, como en Australia o en Nueva Zelanda. Más cerca, Dinamarca es otro país que tiene para mí una atracción especial, por el civismo de sus gentes y la belleza de sus mujeres.
Y como fantasías, el contraste que debe suponer un europeo en China o, como Marlon Brando en Rebelión a bordo o Burt Lancaster en Su majestad de los mares del sur, en una remota isla perdida de La Polinesia.
Como lugar práctico, Inglaterra, está cerca y aprendes el idioma.
En mi caso, el único inconveniente para levar anclas quizás sea la familia. El pensar que no vas a ver a tu madre, a tu padre, a tus hermanos, o que no vas a estar presente cuando llegue el momento de, es algo que me aterra y me inmoviliza.

Tal vez, no haya que ser tan drástico, quizás con apartarse durante un tiempo sea suficiente para ordenar tus ideas. En una cabaña de madera, llena de estanterías y de alacenas con latas de conservas en su interior, un catre con mantas junto a la ventana y una crepitante chimenea. En el exterior, árboles frutales de distintos tipos pudiendo descolgar sus frutas con sólo levantar la mano. Dos perros de aguas y un lago para nadar. Y libros, muchos libros, subidos hasta la montaña en un viejo carromato, para leer durante la luz del día. Aquellos libros que siempre quisiste leer pero por tiempo o por pereza nunca conseguiste hacerlo. Y para no convertirse en un anacoreta, volver a la civilización al cabo de los meses, con nuevos impulsos para afrontar en vez de huir. Un paso atrás para dar dos hacia adelante.

Puedo imaginar lo mismo a bordo de un velero que se llamase, por darle un nombre cualquiera, “El Sol”. Con un gran telescopio anclado en la borda y una barbacoa en la proa, cocinando allí los peces recién pescados, con su carne de color blanca. Aspirar en profundidad el humo aromatizado que desprenden, que se mezcla con el olor a mar. En la bodega, alimentos y más libros.
Aunque de esta forma, quizás te entrasen ganas de doblar el Cabo de Hornos y en su intento, te desviases hacia la Antártida, quedándote congelado junto a tu barco cerca de un gran iceberg. Y al cabo de los años, una expedición te encontrase y pudiesen leer en tu diario las reflexiones que anotaste en él.

22 Enero 2006 | 02:34 PM

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